Benedicto XVI: “San Agustín es modelo de persona en busca de la Verdad”

Benedicto XVI afirmó que san Agustín, a quien ha tenido el gran don de conocer de cerca a través del estudio y la oración, se ha convertido para él en un buen “compañero de viaje” en su vida y en su ministerio. «Quisiera subrayar una vez más –dijo el Papa– un aspecto de su experiencia humana y cristiana, actual también en nuestra época en la que parece que el relativismo sea paradójicamente la “verdad” que debe guiar el pensamiento, las decisiones, las conductas».

Búsqueda de la Verdad

«San Agustín es un hombre que no ha vivido nunca con superficialidad; la sed, la búsqueda inquieta y constante de la Verdad es una de las características de fondo de su existencia; no, sin embargo, de las “pseudo-verdades” incapaces de dar paz duradera al corazón, sino de aquella Verdad que da sentido a la existencia y es la “morada” en la que el corazón encuentra serenidad y alegría. El suyo, lo sabemos, no fue un camino fácil: ha pensado encontrar la Verdad en el prestigio, en la carrera, en la posesión de las cosas, en las voces que le prometían felicidad inmediata; ha cometido errores, ha atravesado por tristezas, ha enfrentado fracasos, pero no se ha detenido, no se contentado jamás con lo que le daba solamente un vago indicio de luz; ha sabido mirar en el interior de sí mismo y se ha dado cuenta, como escribe en las Confesiones, que aquella Verdad, aquel Dios que buscaba con sus fuerzas era más íntimo a él que él mismo, le había estado siempre cercando, no lo había abandonado, estaba esperando poder entrar de modo definitivo en su vida (cfr III, 6, 11; X, 27, 38)».

La Verdad nos busca y nos encuentra

«Como dije comentando el reciente film sobre su vida, –agregó el Santo Padre– san Agustín ha entendido, en su inquieta búsqueda, que no es él quien ha encontrado la Verdad, sino la Verdad misma, que es Dios, lo ha alcanzado y lo ha encontrado (cf. L’Osservatore Romano, jueves 4 de septiembre de 2009, p. 8). Romano Guardini comentando un pasaje del capítulo tercero de las Confesiones afirma: san Agustín comprendió que Dios es “gloria que nos pone de rodillas, bebida que extingue la sed, tesoro que nos hace felices, […él tuvo] la pacificante certeza de que finalmente ha entendido, pero también la felicidad del amor que sabe: esto es todo y me basta” (Pensatori religiosi, Brescia 2001, p. 177).



El Papa dedicó la audiencia general del 25 de agosto a San Agustín, cuya fiesta se celebra el día 28 de este mismo mes.
Silencio en el que Dios puede hablar

«En el libro IX de las Confesiones, nuestro Santo nos relata el coloquio con la madre, santa Mónica… Es una escena bellísima: él y la madre se encuentran en Ostia, en una posada y desde la ventana ven el cielo y el mar, y trascienden cielo y mar, y por un momento tocan el corazón de Dios en el silencio de las criaturas. Y aquí aparece una idea fundamental en el camino hacia la Verdad: las criaturas deben callar si encuentra sitio el silencio en el que Dios puede hablar. Y esto es verdad siempre y también en nuestro tiempo: a veces se tiene una suerte de temor al silencio, al recogimiento, a pensar en las propias acciones, al sentido profundo de la propia vida, frecuentemente se prefiere vivir solo el momento fugaz, haciéndose la ilusión de que lleva a la felicidad duradera; se prefiere vivir, porque parece más fácil, con superficialidad, sin pensar; se tiene miedo de buscar la Verdad o quizás se tiene miedo a que la Verdad nos encuentre, nos aferre y cambie la vida, como le sucedió a san Agustín.

No tengáis miedo a la Verdad

«Querría deciros a todos, –concluyó Benedicto XVI– también a quien se encuentra en un momento de dificultad en el camino de la fe, también a quienes participan poco de la vida de la Iglesia o a quien vive “como si Dios no existiese”, que no tengáis miedo a la Verdad, que no interrumpáis nunca el camino hacia ella, que no ceséis de buscar con el ojo interior del corazón la verdad profunda sobre vosotros mismos y sobre las cosas. Dios no dejará de dar la Luz para hacer ver y Calor para hacer sentir al corazón que nos ama y que desea ser amado».

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