Convertir las debilidades y amenazas en fortalezas y oportunidades

El agustino recoleto Antonio Carrón reflexiona en este artículo sobre las debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades de cada persona, llevando al ámbito personal este método de análisis empresarial

Una de las metodologías que solemos utilizar cuando queremos analizar una situación o una institución es la conocida como DAFO, acrónimo derivado de Debilidades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades. Básicamente consiste en reflexionar sobre aquellos elementos que pueden suponer una debilidad (análisis interno) o amenaza (análisis externo) y cuáles son base de fortalezas (análisis interno) y oportunidades (análisis externo). Normalmente los cuatro elementos se ven por separado y desde una lectura objetiva, teniendo en cuenta la realidad del momento en que se realiza el análisis. Sin duda, esta técnica nos ofrece una visión a nivel institucional o personal que resulta muy esclarecedora y a partir de la cual se pueden sugerir propuestas de mejora.

Una forma específica de enfocar este análisis consiste en partir de los elementos que podríamos denominar “negativos” (en este caso las debilidades y amenazas) y verlos como una llamada a cambiar de perspectiva transformándolos en fortalezas y oportunidades. Se trata de una perspectiva que conecta muy bien con lo que conocemos como resiliencia, esa capacidad de adaptación frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos. Por lo general, todos queremos tener en nuestras vidas muchas más fortalezas y oportunidades que debilidades y amenazas. Pero, ¿por qué no cambiar la perspectiva y leer esas debilidades y amenazas como oportunidades para salir fortalecidos? De alguna forma, ¿no es necesario superar dificultades para poder crecer? ¿Se valoran igual las metas alcanzadas cuando se consiguen de forma fácil o cuando son fruto de esfuerzo y sacrificio?

Quizás uno de los grandes errores que ha cometido la sociedad actual es el de la cultura de la súper protección de los hijos, evitando que puedan pasar por dificultades y buscando siempre que disfruten de un ilusorio estado felicidad y caminos despejados. Ese mundo ideal, esa bola de cristal, tarde o temprano termina por romperse. Y, si una persona no está preparada para lidiar con debilidades y amenazas, difícilmente podrá desenvolverse en este mundo. Las debilidades y las amenazas no son negativas, nos sirven para renovarnos, para superarnos, para innovar, para ser emprendedores, para crecer y, en definitiva, para vivir.

Otro aspecto a tener en cuenta es el de encontrar en la sociedad, en la familia, en organizaciones o instituciones, o en nosotros mismos fallos, cosas que no nos gustan. El ser humano no es perfecto y, por eso mismo, comete errores, experimenta el dolor y es capaz de hacer daño a los demás. Pero ello no convierte a la humanidad en algo malo, de ahí no se genera una perspectiva pesimista de la vida sino, más bien, una necesidad de continua búsqueda, de continua superación. Y, para ello, es necesario tener referencias, bases firmes, un camino que ayude a llegar a la meta.

Para esclarecer un poco más esta cuestión, puede resultarnos iluminador el texto de san Pablo 2 Cor 12, 9-10: “El Señor me respondió: «Te basta mi gracia, porque mi poder triunfa en la debilidad». Más bien, me gloriaré de todo corazón en mi debilidad, para que resida en mí el poder de Cristo. Por eso, me complazco en mis debilidades, en los oprobios, en las privaciones, en las persecuciones y en las angustias soportadas por amor de Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” Dicho en nuestro mundo de hoy, no parece tener mucho sentido la aparente contradicción de ser fuerte desde la debilidad. Pero, si lo pensamos bien, sólo desde el reconocimiento de nuestra condición de seres limitados, sólo desde el reconocimiento de nuestros errores, sólo desde el pedir perdón y acogerse a él, es posible crecer.

Reconocer nuestras debilidades y amenazas, lidiar con ellas, trabajarnos desde ellas, tomarlas como fundamento para buscar nuevos caminos, nuevas oportunidades, es el verdadero camino para consolidar fortalezas en nuestra vida. Y san Pablo nos daba la clave de la Fortaleza con mayúscula. Porque, en Cristo, cuando soy débil, entonces soy fuerte. Porque cuando nos dejamos moldear por Él, es cuando verdaderamente crecemos. Porque con Él y desde Él, todo cobra sentido.

Antonio Carrón OAR

#UnaPalabraAmiga

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