El 11 de octubre de 1992 Juan Pablo II canonizó al obispo colombiano nacido en España. Fue en una celebración en Santo Domingo (República Dominicana) en un viaje del Santo Padre con motivo del V aniversario de la evangelización

Hace 25 años que San Ezequiel Moreno fue elevado a los altares. El 11 de octubre de 1992 Juan Pablo II canonizó en Santo Domingo al que fuera obispo de Pasto. Un fraile agustino recoleto que se caracterizó por su sencillez de espíritu y su acercamiento a los necesitados.

Por los pobres San Ezequiel Moreno alzó la voz desde su cátedra para denunciar las injusticias que sufrían los ciudadanos colombianos de su diócesis. En la ceremonia de la canonización, Juan Pablo II puso al obispo agustino recoleto como ejemplo para los pastores por “responder a los grandes desafíos con que se enfrenta la Iglesia”. (Lee aquí la homilía de Juan Pablo II en la canonización de San Ezequiel Moreno)

El proceso de canonización que culminó en octubre de 1992 en Santo Domingo fue largo. Fue beatificado en 1975 por Pablo VI. Pasados 17 años, Juan Pablo II quiso canonizar a un santo que representara los valores de la evangelización de América y su importancia. De esta forma, Ezequiel Moreno pasó a ser santo dentro de las celebraciones del V Centenario de la evangelización de América para lo cual el Papa viajó a Santo Domingo.

El milagro de San Ezequiel Moreno

La colombiana María de Jesús Náñez obtuvo el milagro que dio paso a la canonización. Se produjo en la noche del 18 de julio de 1986. María de Jesús Náñez había sido operada de un cáncer en la pierna derecha y que se había reproducido con metástasis en el pecho izquierdo.

Encomendándose a Ezequiel Moreno se curó milagrosamente. La Santa Sede estudió el milagro y dio vía libre para la canonización entendiendo que María de Jesús Náñez se había curado por la intercesión del fraile agustino recoleto.

Desde entonces, a San Ezequiel Moreno se le conoce como el intercesor de los enfermos de cáncer. Para su beatificación se aprobó el milagro de Carmela Jurado. En estado casi agónico por un cáncer de paladar y garganta, se repentinamente la noche del 11 de febrero de 1947 por la intercesión de Ezequiel Moreno. Precisamente el obispo de Pasto falleció de un cáncer de paladar del que no pudo recuperarse.

Un proceso que comenzó en 1910

El proceso de canonización se había abierto en 1910 en Tarazona (Zaragoza), apenas cuatro años después de su muerte en el convento de los Agustinos Recoletos de Monteagudo (Navarra). En una pequeña capilla de este convento se encuentro el sepulcro del santo al que acuden cada semana decenas de personas.

Desde su muerte su fama de santidad estuvo viva hasta que la canonización de 1992. Tanto dentro de la familia agustiniana como en el resto de la Iglesia, Ezequiel Moreno había sido ejemplo de santidad por varios motivos.

En primer lugar, por su cercanía a los fieles y su acercamiento a los necesitados. Se caracterizó por una completa austeridad y extremada pobreza. Asimismo por denunciar sin tapujos las acciones del Gobierno liberal colombiano que aumentaron las injusticias en el pueblo, principalmente en el de su diócesis de Pasto, y que atacaban la fe católica. Además, por su ejemplo al afrontar el cáncer de paladar que sufrió. “Déjame amarte así. Dios mío, dadme resignación para sufrir por vos”, decía cuando sufría.

La vida de San Ezequiel Moreno

Ezequiel (Alfaro, La Rioja, España, 9 de abril de 1848 – Monteagudo, Navarra, 19 de agosto de 1906) profesó como agustino recoleto a los 17 años, el 22 de septiembre de 1865. El 3 de junio de 1871 se ordenó de sacerdote en Manila (Filipinas) y en Filipinas transcurrieron los siguientes quince años de su vida, marcados por un ardiente celo apostólico. Desde 1888 hasta pocos meses antes de su muerte vivió en Colombia, donde desarrolló una multiforme actividad: restauró la provincia recoleta de La Candelaria, instauró una nueva época misionera en su Orden y en la nación con la erección del vicariato apostólico de Casanare (1893) y desde 1896 gobernó la diócesis de Pasto.

A una total disponibilidad supo aunar una fortaleza a toda prueba en la defensa del mensaje cristiano en un periodo de anticlericalismo y de ataques a las instituciones católicas. Fue muy devoto del Sagrado Corazón y mostró siempre un gran amor e interés por las cosas de la Orden. Al sentir en su cuerpo los efectos devastadores de un tumor maligno, se retiró al convento de Monteagudo, en el que había emitido su profesión religiosa y del había sido prior de 1885 a 1888. En él murió el 19 de agosto de 1906.