La obra de Sor Alicia nace del conjunto de meditaciones escritas a lo largo de varios años a la luz del sagrario que, como dice en la introducción a su primera obra, “forman un ramo de violetas que desean ofrecer su fresca y delicada fragancia”. Constituyen, además, la trama de la vivencia de un carisma específico en la Iglesia, el contemplativo, bajo los tintes de san Agustín y la Recolección, y hablan con sencillez, certeza y profundidad del gozo que produce la paradoja de experimentar la presencia de Dios, que se encarna en la trivialidad de cada momento o circunstancia.

Más que dulces

P.- ¿Por qué una monja de clausura escribe libros?
R.- Precisamente, lo que quiero mostrar con mis libros es otra visión totalmente distinta de la que estamos acostumbrados a ver la vida contemplativa. Las monjas no sólo se dedican a hacer dulces. También les cabe la opción de dar testimonio de una vida fecunda, y hacerlo editando un libro de espiritualidad. En mi caso, quiero poner al servicio del lector lo que yo he recibido gratis: toda una visión del mundo, del hombre y de las cosas.

P.- ¿Qué objetivo persigue con sus libros?
R.- En mis libros no pretendo hacer un discurso teológico, sino que escribo desde mi experiencia orante, desde lo que inmerecidamente recibo cada día en la vivencia de mi propia vocación contemplativa. Soy bien consciente de que lo que he recibido no es para mí sola, sino también para quien quiera acercarse a su lectura. Quiero compartir los bienes espirituales de los que Dios me colma en mi pobreza.

Dibujos y textos

Haren Libros publcados por Alicia Correa P.- Su segundo libro se titula Peregrinando hacia el Amor: ¿cuál es el mensaje?
R.- Presento la vida entera como una peregrinación. Todos somos peregrinos de una u otra forma y nuestra meta es el Amor con mayúsculas, Dios. En el libro presento paisajes del alma por los que todos pasamos en nuestra vida diaria. Los describo apoyándome mucho en los fenómenos de la naturaleza. Dios se manifiesta en la grandeza de la creación, en un bello paisaje, en el mar que tanto me gusta, y también en la sencillez de una flor o en la pequeñez de una gota de agua. Me dirijo a lectores contemplativos, que busquen un oasis de silencio para sentarse a su ver y contemplar a Dios. Al texto le acompañan una serie de ilustraciones sencillas pero elocuentes que expresan una forma diferente de orar. He pretendido que el dibujo hable por sí solo, confirmando lo que el texto describe.

El santo del corazón

P.- Tanto en éste como en su primer libro, Tu luz en mi barro, san Agustín tiene mucha presencia y aparece citado en numerosas ocasiones.
R.- Cuando entré monja, san Agustín era para mí un auténtico desconocido. Con el correr del tiempo me fui adentrando en el conocimiento de su persona y obras, y me fui dando cuenta de que, lejos de ser un personaje que pertenezca al pasado, es un padre que sigue vivo en medio de sus hijos. Lo que más me atrae de él es que fue un santo humano, el santo del corazón y desde el corazón es desde donde se conoce la persona.

Libre entre rejas

P.- ¿Qué tareas desempeña en la comunidad?
R.- Llevo en el monasterio 21 años plenamente feliz de haber sido elegida por Dios para dejarlo todo y encerrarme tras estas rejas y muros donde puedo vivir plenamente la vocación recibida. Actualmente desempeño en la comunidad el servicio de priora, es decir me toca ser la coordinadora y responsable principal de la marcha del monasterio.

P.- ¿Cómo puede ser uno feliz encerrado entre los muros y rejas de la clausura?
R.- Ciertamente, nuestra vida está sujeta a una gran disciplina. Se desarrolla a toque de campana, que es la que va marcando el ritmo del día consagrado a Dios. Pero en el monasterio se vive la paradoja de ser libre en un espacio concreto del que solamente se sale en caso de necesidad. Las rejas, los muros, la separación respecto al mundo de fuera son simples signos, símbolos que no nos aíslan; al contrario, se viven como una ayuda, sabiendo que son el medio que se nos ofrece para dedicarnos de manera más intensa a la vocación recibida.

Sencillez y acogida

P.-¿Por qué entró como monja de clausura en un monasterio agustino recoleto?
R.- No conocía el carisma agustiniano; de hecho, a los 18 años hice una experiencia vocacional en otro convento de clausura con las clarisas. Pero, al tratar con las agustinas recoletas, me encantó su sencillez, su receptividad, y su trato. Creo que me decidí por esta vida debido a la sencillez de las hermanas y la acogida fraterna e incondicional que me prestaban cuando las visitaba.

Nuevo libro

¿Habrá un tercer libro, en el futuro?
Sí, creo que dentro de algún tiempo; bastante tiempo, porque acaba de salir éste. Ya estoy trabajando en él durante los ratos que mis ocupaciones monásticas me dejan. Incluso tengo ya pensado el título. Querría llamarlo Remanso de paz, ye iría en la misma línea que los anteriores.