En la iglesia de Santo Tomás de Villanueva y San Ildefonso de Agustinos Recoletos en Roma se ha instalado este año un belén moderno junto al nacimiento barroco de 1674. Los beneficios serán destinados a la labor de los Agustinos Recoletos en Venezuela. Lo cuenta Pablo Panedas

Ésta de la casa de San Ildefonso, en la vía Sixtina de Roma, es una de las comunidades numerosas de la Orden de Agustinos Recoletos. La forman trece religiosos venidos de toda la geografía agustino-recoleta y procedentes de diferentes provincias. Es también una de las comunidades más jóvenes; casi todos andan por la treintena. Lo cual puede sonar paradójico, tratándose de una de las casas más antiguas de la Orden de Agustinos Recoletos; una casa que el próximo 2019 cumplirá 400 años.

Prácticamente, todos son estudiantes con dedicación intensiva en diferentes universidades romanas. El poco tiempo que les sobra, lo dedican a hacer algo de turismo; sobre todo, ese “turismo religioso” que consiste en participar en las celebraciones papales.

A pesar de no andar sobrados de tiempo, varios de ellos han querido dedicar los ratos libres durante el adviento a construir un nacimiento, un belén navideño. No tenían ninguna necesidad. Nadie les obligaba y, sobre todo, en la iglesia de San Ildefonso y Santo Tomás de Villanueva –éste es su nombre completo– hay instalado desde 1674 un nacimiento monumental: un grandioso altorrelieve en mármol (230 x 195 cm), obra del escultor italiano Francesco Grassia. El artista lo tituló: “Nacimiento con gloria del Paraíso”, y es la atracción modesta de la iglesia que suelen mencionar las guías turísticas. Lo que solía hacerse, al llegar la Navidad, era limpiarlo y adornarlo, presentándolo como el belén propio, el pesebre que no falta en ninguna iglesia de la Ciudad.

Este año, los jóvenes estudiantes de Vía Sixtina no se han conformado con lucir el retablo artístico heredado del pasado. Han querido hacer algo más, trabajando con las propias manos. La casa ha adquirido, ciertamente, un par de docenas de imágenes nuevas. Pero ellos se han organizado para montar con ellas un nacimiento de nueva planta de casi 10 metros cuadrados. Han construido casas, montañas y paisajes; han trabajado como alfareros modelando tejas y vasijas; han recuperado tallas arrumbadas, instalado circuitos de iluminación y… ecco il nuovo Presepio.

Y han hecho más, porque estos jóvenes agustinos recoletos y sacerdotes saben que la Navidad es misterio de pobreza, en el que Dios se rebaja a nuestro nivel humano. Eso les hace ser sensibles ante las pobrezas del mundo, y les ha llevado a presentar su obra como un belén solidario. Siendo latinoamericanos la mayor parte de ellos, han elegido a Venezuela como destino de las aportaciones que los visitantes tengan a bien hacer.

 

Éste es el nuevo nacimiento de la iglesia de San Ildefonso, instalado en una de sus capillas, exactamente en diagonal respecto al marmóreo que allí asentó sus reales hace tres siglos y medio. La composición de Francesco Grassía es eminentemente teológica, dominada como está por la presencia de Dios Padre que, desde lo alto, envía a su Espíritu sobre el Hijo recién nacido. El belén que se acaba de inaugurar despliega en horizontal, bajo un cielo estrellado de intenso azul, la realidad variada de la vida humana más ordinaria.

No se oponen, ni están enfrentados. El núcleo central de ambos es el mismo: el Dios hecho hombre. Los estudiantes de Vía Sixtina, convertidos en artistas por unas semanas, se han regodeado en la representación del mundo actual en trance de ser transfigurado por el Emmanuel, Dios-con-nosotros.

Por Pablo Panedas Galindo – Roma