El Santo Padre hizo público el pasado 11 de diciembre su mensaje para la Cuaresma de 2009 en el que anima a los católicos a llenar de sentido el ayuno. “Está claro que ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer lugar, una “terapia” para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios”, escribe Benedicto XVI.

El mensaje para el tiempo cuaresmal de este año incluye una exhortación explícita del Papa al ayuno: “Animo a las parroquias y demás comunidades a intensificar durante la Cuaresma la práctica del ayuno personal y comunitario, cuidando asimismo la escucha de la Palabra de Dios, la oración y la limosna”.

San Agustín

El texto del Mensaje aporta frases bíblicas, citas de los santos padres y referencias a encíclicas de sus antecesores más recientes en el Primado. La doctrina agustiniana vuelve a ocupar un lugar preponderante en el discurso de Benedicto XVI:

"La práctica fiel del ayuno contribuye, además, a dar unidad a la persona, cuerpo y alma, ayudándola a evitar el pecado y a acrecer la intimidad con el Señor. San Agustín, que conocía bien sus propias inclinaciones negativas y las definía retorcidísima y enredadísima complicación de nudos (Confesiones, II, 10.18), en su tratado “La utilidad del ayuno”, escribía: “Yo sufro, es verdad, para que Él me perdone; yo me castigo para que Él me socorra, para que yo sea agradable a sus ojos, para gustar su dulzura” (Sermo 400, 3, 3: PL 40, 708).

Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación. Con el ayuno y la oración le permitimos que venga a saciar el hambre más profunda que experimentamos en lo íntimo de nuestro corazón: el hambre y la sed de Dios".