Cinco años por delante

Cinco años por delante

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Hace un año que finalizó el Capítulo General. Recuerdo cómo, al ser elegido prior general, palpitaba en mi interior: por un lado, la conciencia de mi pobreza y el temor por tan gran responsabilidad, y por otro la convicción de que el Señor seguiría guiando mi vida. Me animan mucho las palabras de san Agustín en la Regla: «El que os preside no se considere feliz por dominar con autoridad, sino por el servicio de su caridad».

El primer año ha pasado rápido. A veces parece que el tiempo se encoge y que queda mucho por hacer. El nuevo equipo de gobierno ha asumido su responsabilidad. No ha sido todo fácil. Cada uno se ha ido situando, ha buscado discernir lo que el Señor nos pide y aportar sus ideas y trabajo. Les ha costado asumir el rol de un servicio a distancia, desde Roma, a los que antes tenían mucha actividad apostólica. Como en toda comunidad, en la curia general hay que construir con fe la vida fraterna, y esto supone diálogo sincero, empeñarse en servir con alegría, saber querer al que es diverso y valorar lo que te ofrece el otro.

Un año de escucha, de muchos viajes y reuniones; un año de proyectos de comunión y sueños de revitalización. Un tiempo en que he podido admirar la entrega generosa de tantos hermanos, y el agradecimiento y disponibilidad de muchos seglares. En este tiempo también he sufrido, he sentido la salida de algunos hermanos y me preocupa la indiferencia y el desaliento de tantos otros. En estas situaciones tienes que distinguir con realismo que una cosa es lo ideal y otra lo que podemos hacer poniendo nuestra esperanza en la misericordia del Señor.

El Capítulo General propuso el objetivo de revitalizar la Orden, y para lograrlo el consejo general ha mirado hacia el futuro y presenta un plan con cinco líneas directrices para los próximos cinco años, una para cada año: carisma y constituciones, nueva evangelización, comunidad y vida fraterna, interioridad agustiniana y discernimiento y revitalización.

Tenemos cinco años por delante para vivir la vocación recibida como un don, valorar la calidad de nuestra vida de oración, propiciar el diálogo, la formación permanente y la comunión en nuestras comunidades, ser sensibles y solidarios con los pobres y querer crecer en la fe y en el amor. Algo así me parece que tenemos que hacer los agustinos recoletos, si queremos revitalizar la Orden e implicarnos con audacia en la nueva evangelización. Os pedimos que nos ayudéis a lograrlo.

 


Fr. Miguel Miró
Prior General
Orden de Agustinos Recoletos

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