La limosna extingue el pecado
20 de noviembre, 2011
Solemnidad de Cristo Rey (A)
Mt 25, 31-46:. Homilía de san Agustín (S. 389, 5)
«Os ruego que penséis sobre lo que dirá el mismo Señor Jesucristo, al fin del mundo, cuando venga a convocar al juicio a todos los pueblos en su presencia, dividiendo a los hombres en dos grupos, colocando a unos a su derecha y a los otros a su izquierda, diciendo a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, recibid el reino preparado para vosotros desde el comienzo del mundo (Mt 25, 34); y a los de su izquierda: Id al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles (ib. 41).
Busca el porqué de tal recompensa y de tal suplicio: Recibid el reino; id al fuego eterno. ¿Por qué aquellos han de recibir el reino? Porque tuve hambre y me disteis de comer. ¿Por qué estos han de ir al fuego eterno? Porque tuve hambre y no me disteis de comer. ¿Cómo se ha de entender esto? Os lo ruego. Habré comprobado, respecto de los que han de recibir el reino, que dieron de comer, como buenos fieles cristianos, sin despreciar las palabras del Señor, y esperando con confianza las promesas…
Por el contrario, dijo a los otros: Id al fuego eterno, que está preparado para el diablo y sus ángeles (Mt 25, 41). Cuántas cosas podría imputar a los impíos, si estos le preguntaran: ¿Por qué vamos al fuego eterno? ¿Por qué lo preguntas tú, adúltero, homicida, defraudador, sacrílego, blasfemo, incrédulo? Pero nada de eso les dijo, sino: Porque tuve hambre, y no me disteis de comer (ib. 42).
Observo que también vosotros os movéis y os extrañáis. Y en verdad que esto provoca admiración. Resumo, en cuanto me es posible, la razón de este modo de obrar tan sorprendente, que no os puedo ocultar: Como el agua apaga el fuego, así la limosna extingue el pecado (Ecclo 3, 33). Igualmente está escrito: Introduce tu limosna en el corazón del pobre, y ella rogará por ti al Señor (ib. 29, 15)».
(Trad. de Javier Ruiz, oar)


14 noviembre, 2011 