Creer con  alegría

Creer con alegría

Amigo on line:
Al iniciar el nuevo año, te invito a vivir con alegría el don de la fe y a mirar hacia el futuro con renovada esperanza. Estas palabras pueden resultar desconcertantes a primera vista, si volvemos la vista y percibimos la pobreza en que viven millones de personas, la violencia existente en tantos lugares y las crisis económicas y éticas que sacuden el bienestar que parecía asegurado en tantos países del mundo.

He leído varias veces el discurso que  Benedicto XVI dirigió a la Curia romana unos días antes de Navidad. Me ha hecho pensar en la fe y la revitalización de nuestras comunidades religiosas, de nuestras fraternidades y de los fieles de nuestros ministerios. ¿Vivimos con alegría y esperanza nuestra fe? ¿Nos sentimos felices de pertenecer a la Iglesia? ¿Cuál es nuestra pasión y nuestra preocupación ante el nuevo año que comienza? ¿También nosotros estamos cansados de creer?

El Papa afirma que la crisis económica y financiera que atenaza al Viejo Continente, en última instancia se funda sobre una crisis ética. Según él, ante esta situación la Iglesia tiene que hacer nuevas propuestas desde su experiencia de fe. «El núcleo de la crisis de la Iglesia en Europa es la crisis de fe. Si no encontramos una respuesta a ella, si la fe no adquiere nueva vitalidad con una convicción profunda y una fuerza real gracias al encuentro con Jesucristo, todas las demás reformas serán ineficaces».

Un mes antes, en su viaje a Benin, Benedicto XVI había admirado la pasión por la fe en aquel país: «Allí no se percibía ninguna señal del cansancio de la fe, tan difundido entre nosotros; nada del tedio de ser cristianos que se percibe cada vez más en nosotros. Con tantos problemas, sufrimientos y penas como hay en África, sin embargo siempre se experimentaba la alegría de ser cristianos, de estar sostenidos por la felicidad interior de conocer a Cristo y de pertenecer a su Iglesia. De esta alegría nacen también las energías para servir a Cristo en las situaciones agobiantes de sufrimiento humano; para ponerse a su disposición, sin replegarse en el propio bienestar. Encontrar esta fe dispuesta al sacrificio, y precisamente alegre en ello, es una gran medicina contra el cansancio de ser cristianos que experimentamos en Europa».

Benedicto XVI también señala como magnífica la experiencia de la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid. «Ha sido, afirma, una medicina contra el cansancio de creer. Ha sido una nueva evangelización vivida. En las Jornadas Mundiales de la Juventud, cada vez se perfila con más claridad un modo nuevo, rejuvenecido, de ser cristiano». Y recuerda el Papa la alegría de los jóvenes voluntarios del encuentro, su disponibilidad y el tiempo que estuvieron en silenciosa adoración. ¿Cómo se explica esta alegría? «Según mi parecer –dice Benedicto XVI–, lo decisivo es la certeza que proviene de la fe: «Yo soy amado. Es bueno que yo exista». Es bueno existir como persona humana, incluso en tiempos difíciles. La fe alegra desde dentro. Ésta es una de las experiencias maravillosas de las Jornadas Mundiales de la Juventud».

Que el Señor te conceda creer con alegría, y que tu fe se convierta en amor y esperanza cada día del nuevo año.


Fr. Miguel Miró
Prior General
Orden de Agustinos Recoletos

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