La barca en la que Cristo duerme es tu corazón.

24 de junio, 2012
Domingo 12º Ordinario (B)
Mc 4, 35-40: Homilía de san Agustín (S. 81, 8)

«Así, pues, ¿por qué te turbas? Tu corazón se turba por las desgracias del mundo, como aquella barca donde dormía Cristo. Mira, hombre sensato, cuál es la causa por la que se turba tu corazón. Ésta es la causa: La barca en la que Cristo duerme es tu corazón, donde duerme tu fe. ¿Qué hay de nuevo en esto, cristiano? ¿Qué es lo que os decimos como nuevo? En estos tiempos cristianos, el mundo es devastado, se extingue el mundo. ¿No te lo dijo tu Señor: El mundo será devastado? ¿No te dijo tu Señor: El mundo se extinguirá? ¿Por qué lo creías cuando se te predecía, y te turbas cuando se cumple?

La tempestad arrecia contra tu corazón: evita el naufragio, despierta a Cristo. Dice el Apóstol que Cristo habita por la fe en vuestros corazones (Ef 3, 17). Si está presente la fe, está presente Cristo; si la fe vigila, Cristo también vigila; si la fe queda en el olvido, Cristo duerme. Despiértate, muévete, y di: ¡Señor, que perecemos! (Mt 8, 24-26). Esto es lo que nos echan en cara los paganos, y lo que es peor, lo que nos dicen los malos cristianos. ¡Levántate, Señor, que perecemos! (cf. Mt 8, 25; Mc 4, 38). Haz que despierte tu fe, comienza a decirte Cristo. ¿Por qué te turbas? Todo esto ya te lo anuncié. Si te lo preanuncié fue para que cuando llegaren los males, esperases los bienes, para que no sucumbieses en los males. ¿Te admiras de que perece el mundo? Admírate más bien de que el mundo envejece. El hombre existe, nace, crece, envejece. Quejas múltiples en la ancianidad: accesos de tos, constipados, inflamaciones en los ojos, ansiedad, y desfallecimiento son sus compañeros. Luego envejeció el hombre, con sus muchas quejas; y envejeció el mundo, con sus muchas desgracias».

 (Trad. de Javier Ruiz, oar)

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