Llaves y espada

El 29 de junio, solemnidad de los santos Pedro y Pablo, en la basílica vaticana Benedicto XVI impuso el palio a 44 arzobispos de los cinco continentes nombrados durante este último año. Entre ellos se encontraba el agustino recoleto Mario Molina, arzobispo de Los Altos, Quezaltenago-Totonicapán (Guatemala). La imposición del palio es un rito que pone de relieve la comunión de los obispos con el sucesor de Pedro. Esta celebración me hacía pensar en la unidad y catolicidad de la Iglesia, y también, de manera particular, en la realidad de la Orden.

En la homilía, el Papa, ha recordado que en la Basílica de San Pedro, están colocadas las estatuas de los apóstoles Pedro y Pablo, fácilmente reconocibles por sus enseñas: las llaves en las manos de Pedro y la espada entre las de Pablo. La tradición cristiana siempre ha considerado inseparables a san Pedro y a san Pablo: juntos, en efecto, representan todo el Evangelio de Cristo.

Las llaves representan la autoridad en la Iglesia. A Pedro como fiel administrador del mensaje de Cristo, le corresponde abrir la puerta del reino de los cielos. El símbolo de las llaves que aparece en el evangelio de san Mateo unido a la imagen de atar y desatar (Mt 16,19). “La autoridad de atar y desatar –decía el Papa–consiste en el poder de perdonar los pecados. Y esta gracia, que debilita la fuerza del caos y del mal, está en el corazón del misterio y del ministerio de la Iglesia”. Las palabras de Jesús sobre la autoridad de Pedro y de los Apóstoles revelan que el poder de Dios es el amor, amor que irradia su luz desde la Cruz.

La tradición iconográfica representa a san Pablo con la espada, y sabemos que ésta significa el instrumento con el que fue martirizado. Pero, leyendo los escritos del Apóstol de los gentiles, descubrimos que la imagen de la espada se refiere a su misión de evangelizador. El combate de Pablo no es de violencia o guerra, “sino el combate de quien anuncia la Palabra de Dios, fiel a Cristo y a su Iglesia, por quien se ha entregado totalmente. Y por eso el Señor le ha dado la corona de la gloria y lo ha puesto, al igual que a Pedro, como columna del edificio espiritual de la Iglesia”.

Las llaves y la espada, son signos de la fe de la Iglesia, una fe que nos une en Cristo y que suscita amor y esperanza. No podemos quedarnos en el pecado o en una visión egoísta o pesimista del mundo y de la vida. Experimentemos el amor de Dios y proclamemos con sencillez y alegría  la buena noticia.

Fr. Miguel Miró
Prior General
Orden de Agustinos Recoletos

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