La fe que obra por la caridad.

5 de agosto, 2012
Domingo 18º Tiempo Ordinario (B)
Jn 6, 24-35: Homilía de san Agustín (In Io. ev. 25, 12)

«Así pues, le preguntaron: ¿Qué hemos de hacer para realizar las obras de Dios (Jn 6, 28)? Pues antes les había dicho: Trabajad no por el alimento que perece, sino por el que permanece para la vida eterna (Ibid. 6, 27). ¿Qué hemos de hacer?, le preguntan. ¿Qué debemos realizar para cumplir este precepto? Respondió Jesús, y les dijo: Ésta es la obra de Dios: que creáis a aquel a quien Él envió (Ibid. 6, 29). Esto es lo que significa aquello de que comáis el alimento que no perece, sino que permanece para la vida eterna. Para nada sirve preparar los dientes y el estómago. Cree y así ya has comido.

Efectivamente, la fe se distingue de las obras, como dice el Apóstol: que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley (Rom 3, 28), y que hay obras que parecen buenas, sin la fe de Cristo, pero no son buenas, porque no están referidas al fin por el que son buenas. Pues el fin de la Ley es Cristo, para la justificación de todo el que cree (Rom 10, 4). Por eso, no quiso distinguir la fe de las obras, sino que dijo que la fe es una obra, porque ésa es la fe que obra por la caridad (cf. Gal 5, 6). Y no dijo: Ésta es vuestra obra, sino: Ésta es la obra de Dios: que creáis a Aquel a quien Él envió (Jn 6, 29), para que el que se gloría, se gloríe en el Señor (1Cor 1, 31). Así pues, porque los invitaba a la fe, ellos pedían todavía signos para creer. Mira si no es verdad que los judíos exigen signos, pues le dijeron: ¿Pues qué signos haces tú, para que lo veamos y te creamos? (Jn 6, 30). ¿Qué es lo que haces? ¡Era poco el haber sido alimentados con cinco panes? Pero prefirieron el maná del cielo a este alimento».

(Trad. de Javier Ruiz, oar)

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