En la resurrección, todos serán como ángeles en el cielo.

10 de noviembre, 2013
32º Domingo Tiempo Ordinario  (C)
Lc 20,27-38: Homilía de san Agustín (S. 335 L, 2)

«Si despreciamos el recuerdo de los justos, es que no los amamos y los consideramos muertos para los muertos. Lejos de nosotros el parecernos a aquellos saduceos, sobre quienes escuchamos, cuando se leyó el evangelio, que no creen en la resurrección de los muertos ni piensan que haya algo después de esta vida. Ellos propusieron al Señor el caso de los siete varones que tuvieron una sola mujer, uno después de otro. Cuestión con la que ponían en apuros a los judíos, pero no a los cristianos, puesto que no lograron convencer a Cristo, antes bien quedaron convictos por él. ¿Quiénes, pues, se sentían turbados por tal cuestión? Quienes piensan que los muertos resucitan para vivir después de idéntica manera a como viven en este mundo. Por eso dijeron: «Murieron todos los hermanos, que habían tenido todos ellos la misma mujer, que murió después: ¿De cuál de ellos será mujer en la resurrección? Los judíos se llenaban de turbación. ¿Por qué? Porque esperaban una vida carnal para después de la resurrección.

Se llenaron de turbación los judíos, pero no aquel a quien dieron muerte los judíos; Cristo, además, solucionó el problema para que los cristianos no se sintiesen turbados por él. Escuchemos, por tanto, la respuesta de nuestro maestro: Estáis en error, desconociendo las Escrituras y el poder de Dios. En la resurrección, nadie tomará marido ni mujer, pues todos serán como ángeles en el cielo. ¿Por qué, pues, esperáis saber de cuál de ellos será mujer, si allí nadie tendrá mujer? La mujer es necesaria en la marcha humana para que nazcan los que han de vivir sucediendo a los que han de morir. Allí, en cambio, ¿qué necesidad habrá de cónyuge, donde no habrá necesidad de descendencia? ¿Qué necesidad habrá de que nazcan hijos allí donde los padres no mueren, donde todos tienen un único padre, al que no pueden echar fuera?».

(Trad. de Pío de Luis, osa)

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