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Recuerdo agradecido

A la luz del Evangelio, el más importante es aquel que, como Jesús, se hace servidor de los demás (Lc 20, 26-28). San Agustín nos recuerda que, en nuestras comunidades, el que preside no debe considerarse feliz por mandar, sino por su “servicio de caridad” (Regla 7,3). Entre nosotros, el prior general es elegido en el capítulo general, y la elección se hace con libertad: se elige a quien se cree que, junto con su consejo, puede impulsar la renovación espiritual de la Orden y organizar su misión evangelizadora. No hay campaña electoral, ni se busca al más inteligente o al más santo. Eso sí, antes de la elección se pide la ayuda del Espíritu. Al hermano elegido se le encomienda el servicio de gobierno durante seis años.

El pasado 21 de julio fallecía en Logroño, La Rioja (España), Javier Ruiz Pascual, y el día 8 de septiembre fallecía en Montebello, California (Estados Unidos), James McGuire. Los dos han sido priores generales de la Orden de Agustinos Recoletos en los años 70 y 80 del pasado siglo. Recuerdo con gratitud y admiración a estos dos hermanos por su sacrificado servicio al impulsar la renovación de la Orden con fidelidad al Evangelio, buscando responder desde la identidad carismática a las necesidades de la Iglesia.

James McGuire dirigió la Orden de 1974 a 1980. Su elección fue un tanto sorprendente. Era el primer general americano, el único estadounidense hasta ahora. Se esforzó por acomodarse a la diversidad cultural, dando prueba con ello de gran amor a la Orden. Dio nueva vida al Instituto Histórico, promovió la primera reorganización del archivo general y facilitó la fundación de la revista Recollectio, a la que incluso dio el título. Cuando terminó su mandato, se entregó de lleno en Estados Unidos al ministerio parroquial, y en esta tarea se ha mantenido incansable hasta poco antes de su muerte, a los 88 años.

Javier Ruiz fue prior general de 1980 a 1986. Firmó el decreto de promulgación de las Constituciones renovadas de 1982 y las propuso como “expresión del espíritu y carisma de la Orden”. Supo poner al servicio de la Orden su preparación intelectual, su espíritu metódico y su profundo conocimiento de las leyes propias. Su sencillez hizo de él un superior con quien era fácil dialogar. Supo afrontar los conflictos y llevar la paz a las comunidades. Terminado su mandato, compaginó de modo admirable la formación y la enseñanza en Salamanca (España), con el estudio de san Agustín y su colaboración con el Instituto de Agustinología de la Orden.

Estos dos religiosos se esforzaron en el servicio y la misión que se les encomendó. Tuvieron sus dificultades, cometieron errores; pero, con humildad, supieron confiar en la misericordia del Señor y, sin buscar reconocimientos humanos, siguieron sirviendo con sencillez y esperanza.

Gracias por su entrega al servicio de la Iglesia y de la Orden. Que su corazón inquieto, ahora descanse para siempre en el Señor.

 

 

Fr. Miguel Miró

Prior General
Orden de Agustinos Recoletos

 

 

 

 

 

 

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