Redes Sociales

Comunicar con libertad de corazón

La facilidad con que se difunden las informaciones en las redes sociales y los medios de comunicación es evidente. Su repercusión es cada vez mayor. Se percibe el poder que adquiere la información para convocar, persuadir o vender. En los últimos meses hemos visto el efecto en las movidas políticas; se exagera y se distorsiona cuando conviene. Parece que da igual que una noticia sea cierta o falsa, lo importante es “utilizarla”. Podemos observar cómo, ante la plaga de la corrupción, la honestidad importa bien poco. Todo vale: hay que silenciar o difundir según convenga. Los principios éticos sobre la veracidad y el respeto a las personas cuentan poco. Nos encontramos con el fenómeno de la posverdad o las fake news.

La tendencia al populismo y a la manipulación de sentimientos y deseos fácilmente se cuela en el ámbito religioso, bien sea en la Iglesia o en las instituciones religiosas. Me ha sorprendido que el Papa Francisco, en su Mensaje para la 52 Jornada mundial de las comunicaciones sociales del pasado mes de enero, dijera que las fake news se refieren “a informaciones infundadas, basadas en datos inexistentes o distorsionados, que tienen como finalidad engañar o incluso manipular al lector para alcanzar determinados objetivos, influenciar las decisiones políticas u obtener ganancias económicas”. Y que estas informaciones son eficaces “por su capacidad mimética, es decir, su capacidad de aparecer como plausibles”.

La difusión de las fake news cuenta con el uso manipulador de las redes sociales y de las lógicas que garantizan su funcionamiento. De esta forma se convierten a menudo en virales, es decir, se difunden de modo veloz y difícilmente manejable, no a causa de la lógica de compartir que caracteriza a las redes sociales, sino más bien por la codicia insaciable que se enciende fácilmente en el ser humano. “Las mismas motivaciones económicas y oportunistas de la desinformación tienen su raíz en la sed de poder, de tener y de gozar”.

La dependencia y la falsedad acaban en lo que Francisco llama “robarnos la libertad del corazón”. “Para discernir la verdad es preciso distinguir lo que favorece la comunión y promueve el bien, y lo que, por el contrario, tiende a aislar”. Algo no funciona cuando hay tanta comunicación con los ausentes y tan poca con los presentes. Tendremos que esforzarnos en practicar la escucha y el diálogo para que nuestra comunicación sea más humana y profunda. En el fondo sentimos la necesidad de volver al corazón para encontrarnos a nosotros mismos, para comunicarnos con sinceridad y para buscar a Aquel que es «camino, verdad y vida» (Jn 14,6). Porque “el hombre descubre y redescubre la verdad cuando la experimenta en sí mismo como fidelidad y fiabilidad de quien lo ama. Sólo esto libera al hombre: «La verdad os hará libres» (Jn 8,32)”.

 

Fr. Miguel Miró

Prior General
Orden de Agustinos Recoletos

 

 

 

 

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