Los Agustinos Recoletos de Filipinas llegaron a Casian en 2008. Desde esta parroquia atienden la labor pastoral en otras siete islas del alrededor. Es territorio de misión declarado por el obispado de Palawan

El agua es un obstáculo para los miles de filipinos que viven en alguna de las pequeñas islas que conforman el archipiélago. Es lo que le ocurren a los habitantes de sietes islas cercanas a la de Casian, donde desde 2008 realizan su labor pastoral los Agustinos Recoletos. Los misioneros, a cargo de la parroquia principal de San Isidro Labrador, en la isla de Casian, deben recorrer semanalmente las aguas que separan cada islas para repartir los sacramentos y atender espiritualmente a los cristianos de estas islas, que prácticamente se encuentran incomunicados.

El agustino recoleto Joel Naranja, que durante varios años realizó la labor misionera en este lugar y actualmente se encuentra en Cuba, explica el “desafío” que supone ser misionero en Casian. “Nuestro trabajo aquí consiste en un mundo acuático”. Indica que para acudir de una isla a otra es obligatorio utilizar los botes. “Cuando vamos a una capilla, tenemos que viajar en barco media hora, cuarenta minutos o una hora hasta llegar a la isla que queremos”, indica.

“Cada sábado y domingo vamos a cada una de estas islas. Los tres sacerdotes nos repartimos la labor y acudimos desde la mañana a dar la eucaristía”, dice Charly Orobia, agustino recoleto y prior de la comunidad de Agustinos Recoletos en este territorio de misión.

Para Joel Naranja, la labor que aquí se realiza responde al mandato del Papa Francisco. “Dice el papa que tenemos que ir a las periferias y hablar de Cristo. Eso es lo que tratamos de hacer. Esperamos que lo poco que aquí hacemos dé algunos resultados”, indica.

Ahonda en la dificultad de las islas de Casian la situación que viven los miles de filipinos de este lugar. “Hay mucha gente que vive en la pobreza, únicamente se dedican a la pesca para ellos mismos, por lo que es gente muy pobre”, explica Charly Orobia.