Los Agustinos Recoletos llegaron a China en 1924. Durante casi un siglo, los misioneros han evangelizado distintos puntos del gran país asiático no sin dificultades

Desde 1650 se tiene constancia de los anhelos de entrada en China de misioneros recoletos. Fue en 1924 cuando los primeros agustinos recoletos se establecieron en el país. Francisco Javier Ochoa -entonces superior de la misión y posteriormente nombrado obispo-, Mariano Gazpio, Luis Arribas y Mariano Alegría fueron los primeros religiosos que asumieron el reto de  de llevar el Evangelio a China. Desde entonces, los Agustinos Recoletos han sido protagonistas en primera persona de la historia que la Iglesia y China han ido escribiendo.

Quien conoce los comienzos y el recorrido de la misión de Agustinos Recoletos en China es el agustino recoleto Javier Pipaón, Prior general entre 1986 y 1998. “El catolicismo en China siempre ha tenido muchas trabas”, afirma. La explicación de lo ocurrido en los 94 años de historia de la misión es complicada. Ha habido etapas de aparente libertad, según explica, pero también se han dado momentos de gran represión y violencia.

Comienza recordando que con Mao Zedong, “la religión estuvo muy cohibida. “Fue terrible la persecución que la Iglesia sufrió”, indica. Miles de cristianos murieron a causa de su fe, entre ellos seis agustinos recoletos. “Con la llegada de Deng Xiaoping, disminuyó la presión sobre la Iglesia, fueron recuperadas iglesias…”.

Desde entonces, Pipaón indica que ha sido un tiempo de “aparente” normalidad. “En unos puntos era real pero en otros solo aparente, porque el Gobierno comunista siempre ha tenido la religión como algo extranjero”, dice. Esta es la principal explicación, según el Prior general, de que la Iglesia haya estado cohibida.

El pasado 22 de septiembre se daba a conocer el acuerdo provisional entre la Santa Sede y el país asiático, mediante el cual la Iglesia reconocía los obispos nombrados por el Gobierno chino. En el comunicado de la Oficina de Prensa de la Santa Sede donde se anunciaba el acuerdo provisional, se indicaba que el Papa Francisco “ha decidido readmitir en la plena comunión eclesial a los obispos ‘oficiales’ ordenados sin mandato pontificio”.

La “chinización” es uno de los problemas más grandes a los que se enfrenta la Iglesia, según Javier Pipaón. “La chinización no es vestir al estilo chino, ni poner en chino la música; la chinización consiste en acomodar el Evangelio al marxismo”. En ese sentido, asegura que ha habido “una continua incompatibilidad” entre los que defendía la colaboración con el Gobierno y los que deseaban ser más fieles al Papa.

“Los Agustinos Recoletos fueron a China con el Evangelio”

A China los Agustinos Recoletos no llegaron como una compañía que abre una nueva sucursal en un punto del planeta. “Vamos con el Evangelio como los apóstoles: San Andrés a la India, San Pablo y San Pedro a Roma… Nosotros llevamos el Evangelio a China”, afirma.

¿Por qué los Agustinos Recoletos comenzaron su labor en China? “Es una nación con una inmensidad de población y nos parecía un lugar de trabajo y de entrega por el Evangelio. Con esas miras se tomó la decisión de fundar en China”. Javier Pipaón ensalza sobre todo los elegidos para los comienzos de esa misión. “No fueron muchos pero fueron escogidos de entre lo mejor: jóvenes de una coeficiente intelectual y de conducta alto”.

Durante su etapa como Prior general, apostó y visitó la misión de los Agustinos Recoletos en China. No obstante, era algo complicado ya que los permisos no se concedían con facilidad. Durante muchos años los misioneros estuvieron aislados. Cuenta Pipaón que cierta ocasión, estando en Filipinas, deseo viajar hasta China para visitar a los agustinos recoletos que trabajaban en la misión pero no fue posible.

Sobre los seis mártires, Javier Pipaón asegura que el Vaticano ha aconsejado que se guarde toda la documentación hasta el día que sea posible y prudente comenzar el proceso de canonización. Ese día por el momento no ha llegado.

Los Agustinos Recoletos atienden actualmente en China nueve parroquias y dos guarderías. Se encuentran distribuidos en tres diócesis vecinas: Shangqiu, Heze y Kaifeng. En las últimas décadas se recuerda de manera especial la labor de los dos obispos recoletos Nicolás Shi y José Wang. Nicolás Shi fue obispo, superior religioso con amplias competencias, formador. Con él surgieron vocaciones, conversiones, devoluciones y construcciones de iglesias y catedrales, reducción significativa de la presión política, nuevas posibilidades de comunicación y formación, colaboración en proyectos de desarrollo… Por su parte José Wang falleció en Hezé el 27 de julio de 2004, después de una tarea incansable y de un trabajo ímprobo, una vida llena de testimonio y vigor. Ellos fueron el cauce de unión entre la antigua misión de Kweiteh y la actual diócesis de Shangqiu, entre la época de incomunicación y persecución con el hoy de esperanza y futuro.