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Contemplación y unión con Cristo

por OAR


La contemplación es la última grada de esta escala; el creyente se siente visitado por la presencia de Dios y conoce la "alegría indecible" (1Ped 1,8) de tal inhabitación. Conocer a Dios con la experiencia del corazón, la concentración en la realidad de Dios, centrarse en Él y sentir ese centro. Contemplar a Dios es gracia, es llegar a sentir necesidad tan sólo de Cristo, de reposar en Él, de quedarse con el bien que Dios ha preparado para los que le aman (1 Cor 2, 9).

La meditación es siempre posible. La contemplación no, porque es un don de la gracia. Por eso habrá que volver a la meditación, del mismo modo que el marinero vuelve a echar mano de los remos cuando el viento no hincha las velas de su nave. Comenta san Agustín las palabras del Sal 41: Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti Dios mío. El ciervo es el alma, la Iglesia, él mismo. Un impulso profundo le hace mantener la carrera para llegar; es necesario mantener el deseo, la avidez, la sed.

«Corre a la fuente, desea la fuente de agua. En Dios está la fuente de vida, fuente perenne; en su luz encontraréis luz que no se oscurece. Desea esta luz, esta fuente, esta luz que no conocen tus ojos. El ojo interior se apresta para ver esta luz, la sed interior se inflama para beber de esta fuente. Corre a la fuente, desea la fuente. Pero no corras de cualquier modo, como cualquier animal; corre como el ciervo. ¿Qué significa "corre como el ciervo"? Que no sea lento el correr; corre veloz, desea pronto la fuente» (18).
Simbolismo del ciervo: velocidad, presteza, mata a las serpientes, descansan sus cabezas unas junto a las otras, lo cual le permite sobrellevar las adversidades. Cuanto más mantiene el deseo, más se retarda el cumplimiento del deseo.

Aviva San Agustín el sentido de la contemplación de quien es incomprensible, pero esto no es óbice para que esto le invite a alabar más al Señor, a salmodiarle, a gozar de su inicio, pues contemplar es buscar y descubrir la verdad. Una expresión clásica está en Betania con Marta y María; nos aviva el deseo de contemplarle cara a cara y gozar de que Dios sea así y digno de toda loa:

«Lo que eligió María. Allí, en efecto, en lugar de alimentar, seremos alimentados. Allí se hallará la plenitud y perfección de lo que aquí eligió María, migajas solamente de la opulenta mesa de la palabra del Señor. ¿Queréis saber lo que habrá allí? El mismo Señor lo dice a sus siervos: En verdad os digo que los sentará a su mesa, pasará y se pondrá a servirles. ¿Qué significa sentarse, sino estar libre de cuidados? ¿Qué significará sino descansar? ¿Y cuál es el significado de pasará y se pondrá a servirles? Que primero pasa y después los sirve» (19).
En la contemplación el primero que sirve es el Señor y hace que podamos estar unidos a Él, que es lo definitivo y que, elegido, se permanezca para no vagar sino sabiendo que ése debe ser al que vamos tendiendo en la navegación de la vida:

«Pues eligió lo que siempre permanecerá y, por tanto, no le será quitado. Quiso ocuparse de una única cosa, que ya poseía: Mi bien es estar unida a Dios. Se hallaba sentada a los pies de nuestra cabeza, y cuanto más abajo sentada, tanto más recibía. El agua afluye a la profundidad del valle, deslizándose desde los encumbrados collados. No vituperó el Señor la obra de Marta, sino que distinguió los menesteres. Estás afanada, dijo, en muchas cosas, y una sola es necesaria. Esta ya la escogió para sí María. Pasa la preocupación por una multitud de cosas y permanece el amor de la unidad. Luego no le será quitado lo que eligió; sin embargo, lo que tú elegiste -esto es lo que se deduce, lo que se sobrentiende-, lo que tú elegiste te será quitado. Pero se te quitará para tu bien, para dársete lo que es mejor. Se te quitará el trabajo y se te otorgará el descanso. Tú navegas todavía, mientras que ella está ya en el puerto» (20).

18 SAN AGUSTÍN, Enarraciones sobre los salmos 41, 2, T. XX, p. 6.
19 Sermón 103, 6, T. X, p. 705
20 Sermón 104, 3, T. X, pp. 709-710.


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