
Autor: san Agustín |
Autor: Teodoro Baztán, OAR |
Autor: Lucilo Echazarreta Sarabia |
La oración se realiza en la unión con Cristo y en la vida de la Iglesia que nos ofrece la Sagrada Escritura, que es Palabra de Dios:
«Tu oración es un diálogo con Dios. Cuando lees, te habla Dios; cuando oras, hablas tú a Dios» (2).
«Háblenos Dios en sus lecturas; hablemos nosotros a Dios con nuestras preces. Si escuchamos en actitud obediente sus palabras, en nosotros habita aquel a quien dirigimos nuestra oración» (3).El hombre es un ser relacional, un ser en apertura. Saber escuchar forma parte de la educación humana, y también de la educación cristiana. Acoger la palabra significa que he dejado tocar mi corazón, que me expongo, que rompo con mi aislamiento y autoprotección. San Agustín tiene la seguridad que orar con la Biblia terminará haciéndonos de acuerdo con lo que leemos, que nos llevará a identificarnos con el misterio, de entrar en él. Dios mismo proporciona hasta las mismas palabras para hacer oración, se alabó a sí mismo y alabándose se hizo amable.
Mas para que pueda serte dulce lo que se da, es necesario que poseas caridad, que tengas fe, que tengas esperanza. También estas cosas son tres: la fe, la esperanza y la caridad. Son dones también de Dios. De él hemos recibido la fe, según la palabra del Apóstol: Cada cual según la medida de la fe que repartió Dios (Rom 12, 3). También la esperanza la recibimos de aquel de quien se dice: En quien me diste la esperanza (Sal 118, 49). Asimismo la caridad la recibimos del mundo: La caridad de Dios se difundió en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado (Rom 5, 5)». (4)
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