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Orar con la Orden
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Orar con la Orden

por OAR

1. Señor Jesús,
eres, con nosotros, la vid que cuida el viñador;
la Iglesia que rebrota cada primavera
con savia de nuevas gracias y carismas.
La vid que nutrió los anhelos de verdad
de nuestro padre Agustín y de sus monjes primeros.
¡BENDITO SEAS, SEÑOR!

2. Señor Jesús, que, con el anuncio de tu palabra,
conmoviste el corazón de los primeros frailes recoletos
para someterse con entusiasmo a la poda
y ser sarmientos que diesen más y mejor fruto.
¡BENDITO SEAS, SEÑOR!

3. Somos sarmientos que corren el peligro de secarse
cuando nos alejamos de nosotros y de ti.
Acrecienta en nosotros la afición a estar contigo,
de prolongar nuestra oración toda la hora
para que, al volver de tu oración doliente al Padre,
encuentres despierto y enriquecido nuestro interior,
capaz de guiar en la oscura noche de este mundo
a nuestros hermanos, las mujeres y los hombres,
que se dejan conducir por antorchas de extravío.
¡BENDITO SEAS, SEÑOR!

4. Como María,
que nuestras hermanas agustinas recoletas,
sin estar en el huerto, ni en el templo predicando,
ni a los pobres defendiendo, ni a los hermanos sirviendo,
recogidas contemplando,
consigan del Padre gracia
para el que lucha, predica, defiende y sirve.
¡BENDITO SEAS, SEÑOR!

5. Señor Jesús,
contigo somos la vid que cada mañana visita el viñador.
Nutre con la savia que fortifica y enamora
a los nuevos hermanos y hermanas, que llegan y se nos injertan,
que han descubierto por primera vez el amanecer de su vocación,
que quieren vivirla guiados por el magisterio de Agustín
y el exigente inconformismo de la Recolección
y van creciendo vacilantes en la entrega.
Quítales el miedo y dales la osadía y la perseverancia.
¡BENDITO SEAS, SEÑOR!

6. Señor Jesús, contigo somos la vid
que a mediodía encuentra el viñador con el agobio del sol,
con el desaliento de verse rugosos y de corteza endurecida
o con el vigor fortalecido por la frescura interior
y la espera anhelante y gozosa de verse vencidos por el peso de los frutos.
Hombres y mujeres, agustinos recoletos y agustinas recoletas,
los que te siguen en la vida consagrada
y los que te hacen presente en el mundo para transformarlo como laicos:
todos los que quieren permanecer en ti, aun en medio de debilidades y caídas.

7. No permitas que se sequen para el fuego;
dales savia para que se hagan evangelio que llegue
hasta los ríos lejanos y los intransitables caminos,
hasta las aulas y las cátedras, hasta el hogar y los templos,
hasta el hospital y el convento,
hasta el marginado, el inmigrante,
el anciano que tanto afecto necesita,
el enfermo para quien todo cuidado es poco.
¡BENDITO SEAS, SEÑOR!

8. Señor Jesús,
contigo y en la Iglesia somos la vid,
sarmientos que desean la visita del viñador en la tarde,
ancianos que agradecen la caricia del sol tardío y fraterno
cuando después de la vendimia y ofrecidos los frutos al lagar
esperan disfrutar el vino nuevo.
¡BENDITO SEAS, SEÑOR!

9. Señor Jesús, que eres la vid verdadera,
Cuida los sarmientos que en la noche oscura,
Heridos por los fríos y los vientos adversarios,
Incesantemente nos ofrecen testimonio
Nunca traicionado, siempre fiel a ti y a tu Iglesia,
Aquellos que guardaron tus mandatos y permanecen en tu amor.
¡BENDITO SEAS, SEÑOR!

10. Señor Jesús, bendito seas,
por aquellos que dieron fruto copioso y son la gloria del Padre:
María, la que consuela e ilumina,
San José, su esposo,
San Agustín nuestro padre,
los mártires de oriente y occidente,
San Nicolás, Santa Rita, Santo Tomás y San Ezequiel,
y todos los santos,
que nos ayudan a guardar el gozo que tú nos das y que un día será colmado.
¡BENDITO SEAS, JESÚS!

¡BENDITO SEAS, SEÑOR!


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