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Especial Unidos por la Oración

A Agustín se le conoce como el hombre orante

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Un profundo deseo de amar

por OAR

Al acercarnos a los escritos de san Agustín lo «encontramos vivo» como dijo Posidio, su primer biógrafo, y ha recordado Benedicto XVI. En sus escritos

«vemos la actualidad permanente de su fe, de la fe que viene de Cristo, Verbo eterno encarnado, Hijo de Dios e Hijo del hombre. Y podemos ver que esta fe no es de ayer, aunque haya sido predicada ayer; es siempre actual, porque Cristo es realmente ayer, hoy y para siempre» (1)
A Agustín se le conoce como el hombre orante. Si unimos nuestro corazón al corazón de Agustín y dejamos que sus palabras nos contagien su profundo deseo de amar, experimentaremos la oración como don del Espíritu y presencia de Cristo. La oración se hace diálogo de fe, alabanza y anhelo de Dios. En la oración el hombre se entiende como un ser en relación, nos une al Cuerpo de Cristo y llena el corazón de paz y esperanza. Así comienza el libro de las Confesiones:

«Grande eres, Señor, y muy digno de alabanza;
grande es tu poder, tu sabiduría no tiene medida.
Y pretende alabarte un hombre,
pequeña migaja de tu creación.
Precisamente un hombre que lleva en torno suyo la mortalidad,
que lleva a flor de piel la etiqueta de su pecado y el testimonio de tu resistencia a los soberbios.
A pesar de todo, pretende alabarte un hombre, pequeña migaja de tu creación.
Y eres tú mismo quien le estimula a que halle satisfacción , porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.
Haz que te busque, Señor, invocándote y que te invoque creyendo en ti, pues ya me has sido anunciado. Señor, te invoca mi fe, la fe que me diste, la fe que me inspiraste mediante la humanidad de tu Hijo y el ministerio de tu mensajero» (Confesiones I, 1, 1)



1 BENEDICTO XVI, Audiencia 16.1.2008

¿Qué es la oración?
Escuchar la Palabra
Oración de Cristo
Volver al corazón
Contemplación y unión con Cristo
Vida y gratitud
Orar es amar
Rezar el Padrenuestro I
Rezar el Padrenuestro II

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