
Autor: san Agustín |
Autor: Teodoro Baztán, OAR |
Autor: Lucilo Echazarreta Sarabia |
Al acercarnos a los escritos de san Agustín lo «encontramos vivo» como dijo Posidio, su primer biógrafo, y ha recordado Benedicto XVI. En sus escritos
«vemos la actualidad permanente de su fe, de la fe que viene de Cristo, Verbo eterno encarnado, Hijo de Dios e Hijo del hombre. Y podemos ver que esta fe no es de ayer, aunque haya sido predicada ayer; es siempre actual, porque Cristo es realmente ayer, hoy y para siempre» (1)A Agustín se le conoce como el hombre orante. Si unimos nuestro corazón al corazón de Agustín y dejamos que sus palabras nos contagien su profundo deseo de amar, experimentaremos la oración como don del Espíritu y presencia de Cristo. La oración se hace diálogo de fe, alabanza y anhelo de Dios. En la oración el hombre se entiende como un ser en relación, nos une al Cuerpo de Cristo y llena el corazón de paz y esperanza. Así comienza el libro de las Confesiones:
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