Guillermo (Toulouse, Francia, h. 1297 – 18 mayo 1369) ingresó en la Orden cuando contaba unos 19 años de edad. Tras ultimar sus estudios en París, regresó a Toulouse, donde permaneció la mayor parte de su vida. Su elocuencia y su delicadeza de sentimientos trajeron a muchos a la vida religiosa. Fue amante de la mortificación, de la pobreza y de los pobres, pero el rasgo más saliente de su vida fue la oración, a la que se aplicaba sin interrupción, tanto mientras permanecía en el convento como cuando andaba ocupado en sus viajes apostólicos. Su ocupación preferida fue siempre «orar, contemplar o hablar de Dios».

León XIII confirmó su culto el año 1893. El beato Guillermo nos deja el ejemplo de una entrega total a Dios y a la causa de su reino.