Ya las constituciones de Ratisbona, aprobadas en 1290, mandaban en su capítulo VI que «en todos los conventos de nuestra orden se celebrara todos los años el aniversario de nuestros padres, madres, familiares y bienhechores difuntos, el primer día ferial tras la fiesta de santa Águeda [6 de febrero].

Y para que esos aniversarios no se olviden, se escriban en el calendario y a su debido tiempo se leerán en el capítulo al modo de las fiestas» (Cap. VI, n. 44).

La conmemoración, trasladada al 19 de febrero en la reforma de san Pío X del año 1914, quedó fijada el día 16 en la de 1975.