Por eso consideré la dolencia de mis pecados, causada de las tres concupiscencias, e invoqué tu diestra para que me ayudase a salvarme. Porque con el corazón herido vi vuestro esplendor, y, deslumbrado, dije: «¿Quién puede llegar allí? Estoy por el suelo en tu presencia. Tú eres la Verdad que todo lo preside».

Confessiones X, 41,66