¡Qué lejos estábamos los hombres! ¡Qué arriba Él, qué abajo nosotros! ¡Qué altísimo Él, y qué desesperados nosotros yacíamos en lo hondo! Enfermábamos sin esperanza de salvación; fue enviado el Médico, a quien no reconoció el enfermo, porque, si le hubieran conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria. Pero aun esto mismo sirvió para remedio del enfermo: el haber dado el enfermo la muerte al Médico.

Enarrationes in psalmos 109.3