Perversa y humana filosofía es la de los que niegan la resurrección del cuerpo. Alardean de ser grandes despreciadores del cuerpo, porque creen que en él están encarceladas sus almas por delitos cometidos en otra parte. Pero nuestro Dios hizo el cuerpo y el espíritu; de ambos es el creador, de ambos el recreador.

Sermo 267, 3.