El día de Nuestra Señora de la Consolación, 4 de septiembre, Fr. Augusto Uriarte Cieza realizó su profesión solemne en Salamanca, España. Con este rito se incorporó definitivamente a la Orden de Agustinos Recoletos.

La ceremonia estuvo presidida por el provincial de San José, Fr. Daniel Ayala López de Viñaspre, y concelebrado por más de 20 sacerdotes de nuestra Orden; entre ellos el vicario general, Fr. José Ramón, el Presidente del Secretariado de Formación y Espiritualidad, Fr. Javier Monroy, el secretario general, Fr. Javier Tello, el provincial de Santo Tomás, Fr. Carlos María, el Vicario de México, Fr. Javier Acero, los maestros de los teolgados de Las Rozas, Fr. Carlos y de Monachil, Fr. Miguel Ángel, el párroco de la parroquia Madia Mediadora de Salamanca, P. Jesús Jiménez, entre otros.

Dieron solemnidad y enaltecieron la ceremonia los teólogos de Las Rozas, Madrid, junto con los teólogos de Monachil, con los cantos propios de una fiesta agustiniana, con el canto de las letanías y sobre todo con el cuidado de la liturgia durante la celebración. Además, estuvieron presente tres hermanas de las Misioneras Agustinas Recoletas, personas cercanas a la familia agustino recoleta y catequistas de la parroquia María Mediadora, donde apoya en catequesis Fr. Augusto.

Agustino recoleto para siempre

Fr. Augusto, después de cursar sus estudios de filosofía y teología durante las etapas del postulantado y el Teologado en Lima, Perú, fue destinado a la comunidad de Salamanca para realizar el año de inserción o experiencia comunitaria. Al concluir el año de experiencia comunitaria ha decidido, con la gracia de Dios, responder contundentemente con el sí definitivo a la vida consagrada dentro de Orden. De este modo, como él mismo ha resaltado, pasa a ser un agustino recoleto para siempre.

Al finalizar la ceremonia, Fr. Augusto dirigió unas palabras de agradecimiento a los presentes, en las cuales reconocía la “alegría y gratitud” de Dios en su vida. “Alegría por este día en el cual me acompañáis todos vosotros para ser testigos de mi compromiso definitivo para con Dios, con la Iglesia y con la Orden. Alegría por el don de la vocación a la vida consagrada”, manifestó. Sobre la gratitud de su vocación y en su procesos de formación acató que ve “la gratitud de Dios” en personas que le han conducido y educado en el camino de la Verdad (el camino de Jesús) y personas que le “han motivado e incentivado a seguir este camino, este estilo de vida”, por quienes daba gracias a Dios y los encomendaba a Nuestra Señora de la Consolación.

Finalmente, todos se dirigieron al comedor para compartir, en ambiente fraterno y con aroma a fiesta, el agasajo preparado para la cocasión.