El Cardenal Lacunza da en Roma la catequesis del Jubileo de los Sacerdotes

Dentro del programa del Año Jubilar de la Misericordia, convocado por el papa Francisco, estaba previsto que los días 1, 2 y 3 de junio se celebrara en todo el mundo el Jubileo de los Sacerdotes y Seminaristas. En Roma se llevaron a cabo diferentes encuentros con este motivo y el día 2 de junio el papa Francisco dirigió tres meditaciones a los sacerdotes en tres de las basílicas mayores. El Jubileo de los Sacerdotes finalizó el día 3 con la celebración de la eucaristía en la Basílica de San Pedro oficiada por el Santo Padre.

Catequesis en torno a la misericordia

La mañana del día 1 de junio estaba reservada para recibir el sacramento de la penitencia, y por la tarde estaban programadas diferentes catequesis en torno al Año Jubilar de la Misericordia. Para los sacerdotes de lengua española que se reunieron en la Basílica de los Santo Apóstoles,  la catequesis estuvo a cargo del Cardenal José Luis Lacunza, obispo de David (Panamá) y agustino recoleto y tenía como título “ El sacerdote, hombre de misericordia”

A la catequesis del cardenal acudieron 500 sacerdotes provenientes de la misma Roma, de España, Paraguay, Argentina y otros países hispanoamericanos.

El Cardenal Lacunza comenzó su catequesis presentando al sacerdote como ministro de la misericordia y necesitado también de ella, y destacó que “la falta de disponibilidad de algunos sacerdotes para atender el sacramento de la reconciliación no se debe tanto a la falta de tiempo o a la pesadez del mismo, sino a la propia desidia en aceptar que ellos tienen necesidad de misericordia”.

Siguió su catequesis desgranando la figura del sacerdote y concluyó diciendo que para los sacerdotes “el principal fruto de este Año Jubilar sería recuperar la conciencia y la práctica habitual de la confesión”.

La eucaristía presidida por el Cardenal Lacunza

Concluida la catequesis todos los sacerdotes se revistieron para dar comienzo a la celebración eucarística. Con el Cardenal, que la presidía, concelebraban otros seis obispos, de distinta procedencia.

En su homilía, el cardenal puso como modelo sacerdotal al apóstol san Pablo, quien en la lectura, segunda carta a Timoteo, exhortaba a su discípulo preferido a reavivar el don recibido en el momento de la ordenación

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