La primera eucaristía de Monseñor Carlos María Domínguez

El nuevo pastor agustino recoleto celebró su primera eucaristía como obispo auxiliar de San Juan de Cuyo en la catedral de San Juan Bautista, acompañado de obispos agustinos recoletos y religiosos

Sin que se hubieran cumplido 24 horas de su ordenación episcopal, Monseñor Carlos María Domínguez se ‘estrenó’ como obispo auxiliar de San Juan de Cuyo el domingo 30 de junio. El nuevo pastor agustino recoleto presidió su primera eucaristía acompañado -como el día anterior- de obispos y religiosos, y arropado por decenas de personas que abarrotaron la catedral metropolitana.

Las primeras palabras del obispo auxiliar fueron destinadas, en tono familiar y jocoso, al arzobispo de San Juan de Cuyo, Jorge Eduardo Lozano, a quien agradeció cederle en su primer día la cátedra. Y es que esta situación no es normal. Ante él y ante todos los presentes mostró su felicidad por vivir este momento tan especial allí. “El Señor nos va llevando por un montón de lados y ha llegado el momento de venir hasta San Juan”, dijo.

Carlos María Domínguez dedicó parte de su primera homilía al Evangelio, que, en el primer domingo del tiempo ordinario, comentaba el encuentro de Jesús con varias personas que recibieron el ofrecimiento de seguirle. El nuevo obispo afirmó que “Jesús nos enseña que debemos salir al encuentro de la voluntad del Padre”.

En este encuentro puede haber “aparentemente” fracasos al realizar la labor evangelizadora. Citando al Cardenal Pironio, interpeló: “Aunque aparentemente fracasemos, en el nombre de Dios nunca fracasamos porque ese aparente fracaso está dentro de los planes de Dios”. Por ello, indicó que “Jesús nos enseña a no desanimarnos sino a replantear nuestra estrategia”.

Acabó su comentario al Evangelio con un mensaje motivador: “Como discípulos, no podemos vivir del pasado sino mirar al frente y llenarnos de esperanza”.

El nuevo obispo aprovechó posteriormente para agradecer la presencia de obispos y religiosos que tanto en su ordenación como en su eucaristía estuvieron con él, y despedirse de ellos. Domínguez recordó a los 11 obispos agustinos recoletos, así como al Prior general de la Orden de Agustinos Recoletos.

Especialmente emotivo fue cuando se dirigió al Prior provincial de la Provincia Santo Tomás de Villanueva, Miguel Ángel Hernández. Recordó una publicación de despedida que el Prior provincial había realizado recientemente en una red social y le dijo: “Cuando uno a otro le une Jesús, los caminos se pueden distanciar, pero no se separan nunca porque con Jesús siempre permanecemos unidos”.

A todos los religiosos agustinos recoletos, Domínguez mandó un mensaje claro: “Yo voy a ser siempre agustino recoleto; no nací siendo fraile pero quiero morir siendo fraile y ahora también obispo”. Anteriormente había afirmado que “no es fácil cuando la Iglesia le pide a un religioso ser obispo porque ser obispo implica dejar la vida religiosa”. No obstante, mostró su alegría por tener referentes de buenos obispos que también vivieron este carisma, como San Ezequiel Moreno y Santo Tomás de Villanueva

No ocultó su felicidad por la labor encomendada por el Papa Francisco. A los laicos les dijo que “hemos vivido tantas cosas fuertes en nombre de Jesús, que vivir lo que vivimos ayer (la ordenación episcopal) parece un sueño”. También recordó con cariño a las Misioneras Agustinas Recoletas y a las Agustinas Recoletas, especialmente a las beatas Cari y Esther, las dos religiosas agustinas misioneras asesinadas en Argel en 1994, a las que pidió su intercesión.

A todos, al final de su primera homilía, Carlos María Domínguez pidió que siguieran acompañándoles a través de la oración.

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