En la prevención, una sincera autocrítica

Es necesario condenar cualquier comportamiento que genere sufrimiento. En este artículo el agustino recoleto Francisco Javier Acero reflexiona sobre la protección del menor.

La Palabra de Dios siempre es viva y eficaz. Y hoy más que nunca el texto de Mateo 7,3-4 nos remueve las conciencias: ¿Por qué miras la paja en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga en el tuyo? o ¿cómo dices a tu hermano: “deja que saque la paja de tu ojo”, si tienes una viga e el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano”.

Nuestra inteligencia es más hábil para ver lo ajeno que observar lo propio. No estamos acostumbrados a una sincera autocrítica y sí a un señalamiento exigente por parte de los demás. Usamos la ley como herramienta de defensa más que como instrumento de amor que nos hace personas en proceso de mejorar, de pedir perdón, de ser misericordiosos, de comprender desde el perdón. San Agustín en uno de sus sermones dice que “los juicios de los hombres sobre lo oculto de otros hombres, por ser temerarios, no son agradables.” (en. Ps.118, 12,4)

Las palabras de Jesús son claras: miremos nuestros propios errores; asumamos las consecuencias de los silencios, de las ausencias, del ocultamiento de información.

Les invito a que interioricemos este texto, a hacerlo propio e iluminar así lo que estamos viviendo estos años en nuestra Iglesia. Es el momento de caminar juntos con el Papa Francisco para asumir con vergüenza y arrepentimiento el descuido de los pequeños por parte de la comunidad eclesial. El virus del clericalismo, el abuso de la confianza y del poder; hemos de erradicarlos reconociendo nuestros grandes errores, viendo que hemos actuado sin querer ver la viga en nuestro propio ojo y señalando la paja en el ojo ajeno. Ocupándonos más de la imagen externa, dejando que entre en nuestra vida la mundanidad descuidando nuestra propia persona, nuestra vida espiritual, nuestra vocación de servir, comprender y amar.

Exigimos a los demás que construyan un mundo más humano y nosotros dejamos de lado la creación de ambientes seguros en nuestra Iglesia. Es bueno recordar al Papa Francisco: “Mirando hacia el pasado nunca será suficiente lo que se haga para pedir perdón y buscar reparar el daño causado. Mirando hacia el futuro nunca será poco todo que se haga para generar una cultura capaz de evitar estas situaciones no solo para que no se repitan, sino que no encuentren espacios para ser encubiertas y perpetuarse”. (Carta del Papa Francisco al pueblo de Dios, 20 de agosto de 2018).

Jesús nos da la clave: actuar desde la lógica del amor. Luchar por la coherencia también es levantar la voz y denunciar a aquéllos que exigen sin mirar el corazón destrozado. Tengamos una actitud de permanente conversión superando toda actitud de encubrimiento y complicidad.

Condenemos cualquier tipo de comportamiento que genere sufrimientos extremos y demos todo tipo de apoyo a aquellos que son víctimas de estas conductas reprobables.  Jesús, a través de esta lectura, nos invita a ser responsables. Apostemos por la fidelidad al Evangelio más que por la imagen de la institución. Evitemos cualquier conducta de poder que somete a la persona, siendo humildes para escuchar, aprender, asistir y proteger a los más vulnerables. Nuestro compromiso es vivir en una permanente conversión para ayudar aquellos que son víctimas de nuestros propios errores.

Francisco Javier Acero OAR

#UnaPalabraAmiga

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