Apuesta en el anfiteatro

El agustino recoleto Lucilo Echazarreta reflexiona en este artículo sobre la vida online y la ciberadicción, y el pensamiento de San Agustín en este ámbito.

La lucha primordial en este tiempo es la batalla por la libertad. El reto consiste en caminar con espíritu libre a pesar de los muchos circos, teatros, y escenarios multipantalla que nos reclaman  queriéndonos atrapar: panem et circenses. “Comer y divertirse”, fue en tiempos pasados la máxima de la calle. Hoy esta llamada al circo tiene connotaciones nuevas, la invitación se da a través de los medios y, lo que es más importante, las ofertas de ocio y entretenimiento están técnicamente diseñadas para crear adicción, sembrando una pandemia de esclavitud absorbente.

El hombre contemporáneo vive dos vidas, la vida de la calle, la de las palabras que dice a su hijo, el programa activo de una carrera universitaria, la vida prosaica del horario laboral que cumple a diario y, en segundo término, la vida online de la pantalla con la que interactúa de modo muy vivo. Sí, efectivamente, esta segunda modalidad es una vida muy personal. Esta vida virtual es altamente influyente y real como la vida misma. No se trata de dos caminos alternantes, acciones sucesivas en el tiempo, sino claramente de dos vidas simultáneas.

La conexión cibernética presenta entre sus infinitas ofertas una continua red de posibilidades de ocio, distracción, juego y pasatiempo, ofertas que conllevan una implicación creciente y un progresivo acceso a zonas de riesgo límite. En la moderna sociedad del espectáculo, del ocio y de la posverdad esta oferta de ocio contiene estratégicamente dosificados los componentes de atracción, (sensualidad, morbo, violencia, sorpresa, riesgo, interacción…) a los que se añade un largo elenco de ingredientes emotivos que hacen de esta oferta-ocio la droga perfecta, no sólo por su efecto corrosivo, sino sobre todo por su eficacia como nueva droga de diseño exacto para crear adicción masiva.

San Agustín, siempre moderno y escritor multimedia aun en los límites de su siglo V, nos plasma en el libro VI de las Confesiones, una situación muy moderna: la lucha que su amigo Alipio entabla contra la tiranía del espectáculo morboso. El antiguo alumno y amigo de Agustín fue puesto a prueba por sus colegas en el Anfiteatro Flavio, el coliseo de Roma, con una especie de apuesta por la libertad. Cuenta Agustín que su amigo, aunque había superado la afición a los espectáculos de gladiadores, fue forzado por el grupo de amigotes a acudir al anfiteatro, a lo que el joven asintió de mala gana, pero con el  propósito de mantenerse con los ojos cerrados y no participar de  ningún modo de aquel espectáculo sangriento.  La “apuesta” parecía fácil, ya que, al parecer,  había vencido desde su estancia en Cartago la fuerza seductora de este tipo de diversiones. “Podréis arrastrar mi cuerpo a aquel lugar y hacer que ocupe una localidad, -les dijo- pero ¿podréis conseguir que mi alma y mis ojos contemplen esos espectáculos? Estaré allí en cuerpo, pero ausente” (Confesiones, VI, 8,13).  Finalmente, los amigos lograron arrastrar a Alipio al graderío, éste se tapó los ojos, permaneció firme en su propósito de no participar de aquel “panem et circenses” vulgar y degradante, resistió… hasta que un fuerte  griterío del público le despertó la curiosidad, abrió tímidamente un resquicio de su párpado, luego abrió los ojos, miró, vio y… quedó pegado en aquella droga de diversión inhumana. Por sus ventanas de oídos y ojos, entró aquel río de imágenes sangrientas ejecutadas por los gladiadores. Quedó apresado en la sensación placentera de lo morboso y, como tendido él mismo en la arena, se sintió herido  en el alma con un desgarrón mucho mayor que el que acababa de recibir el gladiador que en este instante caía tambaleante a tierra.

Agustín podría hoy reescribir este capítulo de apuesta y lucha por la libertad, como parábola  del nuevo esclavo tecnófilo. En nuestros días, el reto es mantenerse libres ante el reclamo moderno del pasatiempo a golpe de un clic  programado técnicamente como droga de imparable adicción. El planteamiento proactivo para evitar el colapso de la libertad, hoy consistiría en decodificar la composición patógena de la adicción, desintoxicar el cerebro de la ciberadicción. Ser esclavo o vivir con altura y dignidad. Ser libre o no ser, he ahí la cuestión. Alipio cayó  -temporalmente- atrapado  en el cebo. Agustín lo retrata  gráficamente con estas palabras: “Cuando se embriagó en el espectáculo con ansias de sangre, ya no era aquel mismo hombre que había entrado al circo. Ahora era uno del montón, del populacho con que se había mezclado. Era ya un camarada de los  que vivían esclavos”.

Este pasaje de las Confesiones es literatura posmoderna, expresión viva de la problemática humana más actual. Agustín reescribiría este episodio como aviso para nuestros días. Hoy la arena del circo es omnicomprensiva, encadenante. Hoy, ganar la apuesta del anfiteatro multipantalla es ser libres.

Lucilo Echazarreta OAR

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