“Como hijo de San Agustín, estoy al servicio de la Iglesia”

El agustino recoleto Darío Rubén Quintana recibe este sábado la ordenación episcopal en Mar del Plata. Allí el Papa Francisco le nombró obispo auxiliar.

Es indudable que el agustino recoleto Darío Rubén Quintana no miente cuando dice que se encuentra nervioso. Concretamente siente ansiedad, aunque su fe le reconforta. El sábado 28 de diciembre será ordenado obispo en Mar del Plata, la ciudad que le adoptó cuando era un niño y de la que el Papa Francisco le ha nombrado obispo auxiliar. Ante él se abre un nuevo desafío pastoral que, según declaró tras el anuncio, lo toma “con temor y temblor”.

Siente su nueva labor episcopal como una llamada de Dios, de manera más radical que su vocación a la vida religiosa o sacerdotal. Por eso, asegura sentirse “plenamente confiado en la gracia de Dios”. “Cuando Dios te llama, a la vez te da la capacidad para responder con fidelidad”, dice el nuevo obispo. Su labor ahora será de servicio generoso a la Iglesia, algo que debe realizar a la perfección como religioso agustino. “Como hijo de San Agustín, estoy al servicio de la Iglesia”.

Su vida ha dado un giro absoluto, sabe que nada volverá a ser igual. Ese sentimiento fue el que le vino a la cabeza cuando salió de la nunciatura después de que el secretario de negocios, Mons. Aliaksandr Rahinia -quien sustituye al nuncio tras su fallecimiento-, le comunicara su nombramiento.

Miedo… y muchos mensajes de felicitación

Fue los últimos días de octubre. Aceptó con miedo: “Se que no todo es alegría y gloria; el obispo tiene el llevar la cruz de Jesús y las cargas de la Iglesia”. Mons. Rahinia le dio dos consejos: que orara durante los días que tuviera que mantener el secreto pontifico y que prepara el escudo y el lema pastoral. Días más tarde, la Santa Sede oficializó su nombramiento. Recibió hasta 1.400 mensajes, a los que respondió uno por uno.

Muchos mensajes de felicitación eran de religiosos agustinos recoletos, sus hermanos a los que ahora tendrá que dejar. Darío Quintana tiene en su interior dos sentimientos: alegría y desgarro. Alegría por verse acompañado en su ordenación de decenas de agustinos recoletos, a los que considera su familia desde que empezó a tener trato con ellos. Pero a la vez siente un enorme pesar por dejar la comunidad. “Es un momento duro, pero tras mi jubilación podré volver a vivir la vida comunitaria y eso personalmente me consuela”, asegura.

Uno de los religiosos que le felicitó por su designación fue Jesús María López Mauleón, quien al siguiente día fue nombrado obispo en Brasil. “No le conozco personalmente -indica- pero nos hemos escrito y nos hemos felicitado mutuamente”. Su ordenación episcopal tendrá lugar también al siguiente día de la de Darío Quintana.

Ayudar en la tarea pastoral

Su nueva labor será “de colaboración con el obispo diocesano”. Como obispo auxiliar de Mar del Plata, tendrá que implicarse en el camino ya realizado. “Vengo con ese espíritu de colaborar en lo que el espíritu suscite”. El religioso agustino recoleto recuerda al Cardenal Pironio, quien dejó escrito que el auxiliar es un multiplicador de la presencia del obispo diocesano como vicario de Cristo. “El obispo diocesano me decía que además debe optimizar la tarea episcopal, juntos en un proyecto que Dios nos irá marcando”. Además, como agustino recoleto, buscará ser un obispo “amante de la verdad, un hombre de oración y de servicio a la Iglesia a través de la comunidad”.

Su lema pastoral vino a su memoria el primero de noviembre, cuando aun todo estaba en secreto. En la liturgia de las horas leyó en uno de los salmos “la paz a Israel”. Enseguida le vino a la memoria la frase “Que sean uno”, que en latín -Ut Unum Sint- es el nombre de una de las exhortaciones apostólicas de Juan Pablo II. “Pensé en esta frase y en cómo Dios quiere a través de la unidad llegar a la paz; me sentí además identificado con San Agustín, que en la difusión de la verdad buscó la unidad”, y añade: “Creo que la Iglesia tiene el llamado de conseguir la unidad, en medio de tantas dificultades”.

Durante estos meses, Darío Quintana ha sentido la presencia de Dios. “Siento un amor dilecto de Dios sin merecimiento personal”, confiesa. En el año que cumple su 30º aniversario desde el comienzo de su etapa vocacional, esta labor es una nueva llamada. “No puedo confiar en mis propias fuerzas, pero si tengo fe y confianza en Dios”.

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