La Iglesia de Mar del Plata recibe con cariño al nuevo obispo agustino recoleto

Mons. Darío Quintana recibió la ordenación episcopal en la catedral del Mar de Plata acompañado por los fieles de la nueva diócesis de la que será obispo auxiliar.

Hacía más de 40 años que la diócesis argentina de Mar del Plata no tenía obispo auxiliar -fue, durante algunos meses, Mons. Rómulo García-. Quizás por este motivo, decenas de fieles abarrotaron el pasado sábado 28 de diciembre la Catedral de los Santos Pedro y Cecilia para acompañar al nuevo obispo agustino recoleto, Mons. Darío Rubén Quintana, en su ordenación episcopal. El religioso será obispo auxiliar de la diócesis de Mar del Plata, acompañando a Mons. Gabriel Antonio Mestre en su labor pastoral .

Mons. Quintana estuvo acompañado además de obispos y religiosos agustinos recoletos, que estuvieron junto al nuevo pastor de la Iglesia en este momento importante. Sentados a su lado estuvieron el Prior general, Miguel Miró, y el Prior provincial de la Provincia Santo Tomás de Villanueva, Miguel Ángel Hernández. Asimismo, entre los 17 obispos presentes estuvieron los agustinos recoletos Mons. Jesús María Cizaurre, Mons. Emiliano Cisneros, Mons. Carlos María Domínguez y Mons. José Luis Azcona, este último como obispo coconsagrante.

Sobre el pastor fueron impuestas las manos de los obispos que concelebraron la eucaristía. Fue después de que se postrara ante el altar durante la letanía de los santos, como indica la liturgia. Posteriormente fue ungido por el Sagrado Crisma y se le hizo entrega de los Evangelios, el anillo, la mitra y el báculo pastoral. Una ovación unánime de los asistentes recibió a Mons. Darío Quintana en el colegio episcopal, previo al abrazo con todos los obispos presentes.

Antes del rito de la ordenación, el vicario provincial en Argentina, el agustino recoleto Daniel Medina, leyó el Mandando Apostólico del Papa Francisco en el que se ordenaba el nombramiento del nuevo obispo auxiliar.

“Gracias, Señor, porque me llamaste a esta Iglesia”

Tras ser ordenado obispo y haber impartido su primera bendición al pueblo de Dios, Mons. Darío Quintana dirigió una emotiva acción de gracias a Dios. Comenzó agradeciendo la propia vida, “don inmerecido y hermoso que debe ser valorado y protegido desde el primer instante”. Agradeció el apoyo y el cariño de su familia, mientras hacía un recorrido por toda su infancia y adolescencia hasta sus inicios en la vocación: “Me fui conformando con la gracia de Dios hasta que salió al encuentro de mi libertad cambiando mis horizontes y proyectos más humanos”.

Resumió su vida como “una búsqueda de la voluntad de Dios y un encuentro de su presencia y misericordia”, desde que fue llamado a la vida consagrada agustino recoleta. En especial dio gracias a la Orden de Agustinos Recoletos y a los religiosos que le acompañaron. Asimismo mostró su alegría por regresar a Mar del Plata, la ciudad que le acogió cuando era niño, y su diócesis, que tiene un “gran abanico de realidades adversas y desafiantes”. 

Hizo un repaso y agradeció a los obispos -en especial a Mons. Mestre-, a los sacerdotes y laicos, y afirmó: «Gracias, Señor, porque me llamaste a esta Iglesia». Concluyó sus primeras palabras como obispo colocando su nueva labor pastoral en manos de Jesús, María y José. “Sé que he puesto en Dios mi esperanza y que no quedaré defraudado”, dijo.

“Vidas e historias muy profundas que reclaman ser pastoreadas”

El obispo de Mar del Plata, monseñor Gabriel Mestre, que fue el encargado de consagrar a Mons. Darío Quintana, pidió al nuevo obispo ser “hombre de fe” y “verdadero testigo de la Resurección de Cristo” en medio de las dificultades y desafíos de la Iglesia de Mar del Plata.

Concretamente, Mons. Mestre aconsejó al recién ordenado obispo que otorgara un valor “esencial y totalmente teologal” al pueblo de Dios, al que deberá acompañar como obispo auxiliar. “Son rostros muy concretos que esperan de vos la presencia del único pastor, que es nuestro señor Jesucristo; en estos rostros se entretejen vidas e historias muy profundas que reclaman ser pastoreadas”, indicó.

Al comienzo de la eucaristía, el Prior general ‘entregó’ -en sentido figurativo- al religioso a la diócesis. “Sentimos su partida -dijo-, pero nos alegra y es motivo de Esperanza que el padre Darío pueda aportar su experiencia de vida fraterna y en comunidad”. A él le pidió fijarse en el ejemplo de tres obispos ejemplares: San Agustín, Santo Tomás de Villanueva y San Ezequiel Moreno.

This post is also available in/Este conteúdo está disponível em Português: English Português

Suscríbete a nuestra

Newsletter