El arzobispo agustino recoleto de Los Altos, Quetzaltenango – Totonicapán (Guatemala), Mons. Mario Alberto Molina, reflexiona sobre la Palabra de Dios de este domingo 26 de enero.

El pasaje evangélico que acabamos de escuchar relata el inicio del ministerio de Jesús. Parece que estuvo algún tiempo con Juan el Bautista y que permaneció en Judea después de su bautismo. Pero cuando se entera de que Herodes ha capturado y encarcelado a Juan, Jesús toma medidas de precaución y se retira al norte, a la región de Galilea. Pero no se queda en Nazaret, donde se había criado, sino que se desplaza a orillas de lago de Genesaret o Mar de Galilea, al pueblo de Cafarnaúm. El evangelista Mateo añade que este territorio pertenecía antiguamente a las tribus de Zabulón y Neftalí. De este modo, el evangelista evoca un pasaje de Isaías. San Mateo ve en este traslado de Jesús un designio divino. En Cafarnaúm, Jesús se sitúa en un lugar donde encontrará no solo judíos, sino también gentiles, extranjeros no judíos, que se beneficiarán de sus palabras, de sus obras de curación, su acción salvadora. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció. Este es el texto, citado por san Mateo, ha sido también nuestra primera lectura; es el mismo que leímos en la misa de la noche en la Solemnidad de la Natividad del Señor. El evangelista san Mateo vio en ese pasaje profético el anuncio de que con Jesús vendría la salvación, no solo para los judíos, sino también para todos los gentiles de todos los lugares y tiempos.

Jesús es la luz; él es la verdad para todos los pueblos que caminan en las tinieblas. Él es liberador de todas las personas que viven implicadas en hacer el mal y buscan la posibilidad de comenzar de nuevo. Jesús es la esperanza de todos los que piensan que no tienen para sí más futuro que la muerte inevitable y que no vale la pena vivir para morir. Donde quiera que haya humanos, siempre encontraremos personas que se plantean esas preguntas acerca del sentido y valor de su vida. Habrá quienes vivan ocupados y absortos en el trabajo de cada día, sin plantearse preguntas que vayan más allá de cómo ganar lo necesario para vivir. Pero habrá sin duda gente tan agobiada por necesidades primarias de alimento, vestido y salud que, además del agobio de sus necesidades materiales, también se preguntarán por qué a ellos les tocó esa clase de vida, al borde de la muerte. Por eso quizá el evangelio se dirige sobre todo a los pobres, puesto que son los que más se cuestionan acerca del sentido y significado de su vida, en la marginación y en el desprecio. Puesto que este es un cuestionamiento universal, que se lo hacen los pobres de todos los tiempos, naciones y culturas, por eso Jesús es salvador para las personas de todos los pueblos, culturas y tiempos. Él viene a mostrar que la vida de toda persona es preciosa para Dios. Por eso ofrece su perdón a los que viven implicados en hacer el mal y quieren salir de su situación para comenzar de nuevo. Dios también tiende su mano a quienes viven abocados a la muerte para mostrarles que han sido creados para vivir, no para morir. Jesús, pues, se establece en Cafarnaúm y el evangelista san Mateo ve en esa decisión una manifestación de Jesús como salvador universal.

A continuación, el evangelista nos dice que Jesús comenzó a anunciar su mensaje. Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”. Varias cosas merecen nuestra atención. Jesús habla, viaja, propone. Al final de este pasaje, el evangelista comenta que Jesús andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia. Jesús no se contentó solo con dar ejemplo, con llevar una vida de entrega a Dios a modo de testimonio, para que quien lo viera le preguntara que por qué vivía de ese modo. Jesús viajó de un lado para otro para llevar su mensaje a cuantos pudieran escucharlo. Es más, Jesús se dirigió a las sinagogas, donde encontró a los judíos practicantes, para proponerles el Evangelio. Jesús no se dijo que ya esos judíos practicaban bien su religión y que debía respetarlos en su convicción y dejarlos que trataran de encontrar la salvación por ese camino. No. Él fue a las sinagogas y encontraba el modo de que le permitieran hablar a la concurrencia, y seguramente les proponía con fuerza que en él se cumplían las promesas anunciadas por los profetas. El Reino de Dios se realizaba finalmente en su persona. Para confirmar esta realidad invisible realizaba curaciones. La salud corporal es la forma más elemental de experimentar la salvación y la vida. En otra ocasión todavía futura, Jesús curará a un paralítico como demostración visible de su capacidad de devolver la salud moral y espiritual por medio del perdón de los pecados. Jesús busca los medios de hacer creíble el mensaje de la salvación invisible realizando ahora salvaciones visibles. Así nos da un modelo de acción. Con frecuencia, no será la salud del cuerpo, sino de la alegría del corazón el signo que corrobore la verdad del mensaje. Es la alegría que surge cuando se descubre el sentido de la vida a la luz del amor de Dios que Cristo revela con su palabra y obras.

El anuncio de Jesús es fundamentalmente una conminación a la conversión. Se trata ante todo de volver el corazón a Dios; se trata de hacer de Dios el referente de nuestras vidas. Pero, nos preguntamos, esos judíos que Jesús encontraba en las sinagogas, ¿no estaban en la sinagoga precisamente porque tenían su corazón vuelto a Dios? ¿Cómo es que Jesús les dice que se conviertan a Dios? Respondo: la palabra “Dios” es una especie de comodín. Todos usamos la misma palabra, pero cada uno tiene una idea distinta de lo que la palabra significa, que puede coincidir o no con Dios como realmente es. Jesús les propone que se conviertan a Dios tal y como él ha venido a revelarlo. Toda la enseñanza de Jesús tendrá como tema principal Dios, para que lo conozcamos cómo es en verdad y creamos en Él y en consecuencia obedezcamos sus mandamientos. De hecho, a Jesús lo mataron porque su enseñanza acerca de Dios no correspondía a la idea que los judíos se hacían de Dios. Seguramente también todos debemos aprender de Jesús cómo es Dios y convertirnos a Él para obedecer sus mandamientos. Él además anuncia que su Reino está cerca. Dios reina salvando. El reino de Dios está cerca en Jesús porque en él, la salvación se ha vuelto accesible, cercana. Cuando nos acogemos a la salvación de Dios entramos en su reino. Los tiempos de esperanza han comenzado, y por eso ha brillado la luz.

Mons. Mario Alberto Molina OAR
Arzobispo de Los Altos, Quetzaltenango – Totonicapán (Guatemala)

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