«Estoy convencido de que Dios quería decirme algo»

El agustino recoleto Ademir García ha peleado durante 13 días en el hospital para eliminar el coronavirus de su cuerpo, siempre con la ayuda de María.

El martes 26 de marzo, el agustino recoleto Ademir García comenzó a sentirse mal. Notaba una temperatura inestable en su cuerpo y le apareció una tos seca. «Todo parecía un simple resfriado». Ese día, sin saberlo, comenzó su lucha contra el COVID-19, una aventura que duró cerca de un mes y que fue más allá de un «simple resfriado». El religioso brasileño padeció la enfermedad que ha paralizado el mundo y también su vida, que, después de esto, tiene para él un sentido todavía más trascendente.

No fue hasta el siguiente día cuando acudió al hospital. Fue examinado, le realizaron diferentes pruebas y le aislaron en una habitación. «La gente me miraba como si tuviera una enfermedad muy grave», dice. Finalmente confirmaron que sufría una «neumonía con posibilidad de coronavirus». No obstante, los médicos decidieron no internarle y al terminar el día regresó a su comunidad de la curia provincial de Santo Tomás de Villanueva, en Río de Janeiro. «Pasé una semana en casa siguiendo el protocolo». Después de siete días, la neumonía diagnosticada apenas mejoraba y tuvo que regresar a la Clínica São Vicente.

Fue entonces, el 1 de abril, cuando le informaron de que había dado positivo en la prueba de coronavirus. De forma inmediata le ingresaron en el hospital. Era el inicio de una odisea: pasó por tres habitaciones diferentes, estaba continuamente monitorizado y cada día le hacía un análisis de sangre. Fueron en total 13 días, cada uno diferente. Al principio «siempre acostado, sin ganas de nada», con fiebre y una tos fuerte. Poco a poco fue recuperando el apetito, su temperatura se templaba y su estado mejoraba.

«El Señor está contigo»

En todo ese momento, ¿se acordaba de Dios? «Me concentré tanto en lo que hacían los profesionales de la salud que necesitaba que otras personas me recordaran que tengo un Señor y un Dios». Ademir asegura que el Señor «se manifestaba a través de personas que siempre tenían una palabra de esperanza». Es el caso de una señora de la limpieza que cada vez que entraba a limpiar su habitación le decía «el Señor está contigo» o «confía en el Señor». «El Señor la bendiga por esas palabras simples, pero al mismo tiempo, tan profundas», afirma el religioso.

De quien si se acordó fue de María. En los peores momentos acudía a su Madre y repetía una sencilla jaculatoria: «Oh, María, concebida sin pecado, ruega por nosotros que recurrimos a ti». Hubo momentos en los que las fuerzas le faltaban para seguir adelante y vencer al virus, pero entonces las buscaba en «la esperanza en la divina misericordia».

Pasó Semana Santa en el hospital, tumbado en la cama aunque cada vez mejor. Si esta Semana Santa ha sido diferente para los creyentes, para este agustino recoleto más aun. Llegó el Sábado Santo con una buena noticia: el médico dijo que estaba pensando en darle de alta al día siguiente, domingo de Pascua. No obstante, si bien celebró la Resurrección de Jesús «en la mente y en el corazón», no fue sino hasta el siguiente día cuando abandonó el hospital. Salió más allá del mediodía con una recomendación: tendría que pasar al menos siete días en absoluto aislamiento, porque la última prueba mostró que el virus no se eliminó por completo.

«Valoro aun más la vida»

En todos esos días, Ademir no sintió miedo. «Estaba tan concentrado en seguir las acciones y pautas de los profesionales de la salud que no tengo forma de decir si tenía miedo, aunque sí preocupación», explica. Ahora todo ha pasado y algo ha cambiado. En general, este religioso siempre trata de valorar todo lo que ocurre. «Después de esta experiencia, estoy cada vez más convencido de que Dios quería decirme algo. ¿Qué? Todavía no lo sé con claridad».

La vida era un regalo de Dios, pero después de padecer el COVID-19 esto tiene más significado. «Después de esa experiencia, valoro aún más la vida, siempre mirando la vida plena ofrecida por el Señor». Hoy ya realiza su vida normal.

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