Aquí estamos: online

El autor dedica este artículo a los profesores que han realizado un trabajo encomiable durante la pandemia y lo seguirán haciendo una vez pase la enfermedad.

Una respuesta inmediata a una necesidad urgente: Dicho y hecho. Así son nuestros profesores.

Hemos necesitado su respuesta a la situación de pandemia e, inmediatamente, de modo callado y constante, se han puesto a trabajar cambiando modos y formas: de las aulas presenciales y la alegría del patio y los juegos, de las preguntas directas y las sonrisas, de poder ver las caras que nos explican tanto, han pasado al teletrabajo, a las clases online y a distancia, a las comunicaciones con los medios que hoy disponemos.

Sin discusiones, sin vueltas innecesarias; resolutivos, implicados y creativos.

Utilizando con soltura las plataformas y los medios digitales a su disposición, se han convertido, si no lo eran ya, en expertos en comunicación y en trabajo en red (redes, webs, webinars, videoclases, redes sociales). Manejan las herramientas y las están haciendo brillar para lo que realmente estaban creadas: crear comunicación, trabajar en red, diseñar conocimiento y compartirlo.

Están poniendo corazón agustiniano en lo que hacen.

Se preocupan por el alumnado. Las consultas son continuas, y las inquietudes por aquel o aquella que no está respondiendo, que puede presentar alguna dificultad. Saben y conocen que las situaciones familiares y personales en estos momentos son muy complejas porque estamos viviendo dolor e incertidumbre, y se preocupan por el alumno en su desarrollo académico y en su crecimiento personal e integral.

Maestros de esperanza.

Transmiten siempre una mirada hacia el futuro cercano, cada vez más, de alegría y de nueva normalidad. Preparan a los alumnos para los continuos cambios que vendrán, van añadiendo conocimientos prácticos que les habilitan a la adaptación rápida y constante a la realidad.

Hombres y mujeres de interioridad.

Deseamos que nuestros profesores, como dice nuestro lema de este año, al dar lo que tienen reciban lo que les falta. Que Dios se haga muy presente en sus vidas diarias y les de fuerza, sabiduría y serenidad para afrontar el presente y el futuro.

¡Gracias profesores!

José Manuel Cambero OAR

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