Un hábito y una mascarilla: la primera profesión simple tras el COVID-19

Cinco jóvenes hicieron la profesión simple de sus votos en Filipinas en plena crisis del coronavirus y siguiendo las medidas de prevención para evitar contagios.

La pandemia del coronavirus no ha frenado los deseos de cinco jóvenes filipinos de entregarse a Dios como agustinos recoletos. Mark Joseph Quirante, Joseph Neil Baygan, James Esplanada, Judd Galinato y Mc Airel Capinpin hicieron el pasado sábado 27 de junio la profesión simple en el noviciado de San Ezequiel Moreno-Recoletos, en Antipolo City (Filipinas). Con medidas de seguridad y prevención, los cinco religiosos realizaron el rito de la profesión simple ante el Prior provincial de la Provincia San Ezequiel Moreno, Dionisio Q. Selma, que presidió la celebración. Además, recibieron el hábito agustino recoleto.

Con el objetivo de evitar contagios y aglomeraciones de personas, la eucaristía se celebró a puerta cerrada, sin familiares ni amigos de los nuevos profesos, solo con la presencia de los religiosos de la comunidad. No obstante, la celebración se retransmitió en directo a través de Facebook. Todos los presentes llevaron mascarilla y guardaron la distancia de prevención, según las indicaciones de las autoridades sanitarias.

Por ello, el Prior provincial en su homilía indicó que «su profesión de votos es única, será recordada en la historia porque el telón de fondo es la pandemia que estamos viviendo en estos momentos». En un mensaje de agradecimiento al concluir la misa, Joseph Neil Baygan se dirigió a sus seres queridos y a los de sus compañeros de noviciado, indicándoles que «estamos presentes unos a otros a través de los medios de comunicación social, pero sobre todo, en el Espíritu del Señor».

«Están llamados a ser terapeutas espirituales»

En su homilía, Dionisio Selma enumeró algunas de las amenazas de la sociedad: el materialismo, el falso concepto de la sexualidad y el erróneo concepto de libertad, como síntomas de la enfermedad del mundo. La profesión de los votos de pobreza, castidad y obediencia, según indicó, es lo que contrarresta estos males. «Hay enfermedad en el mundo, y los religiosos están llamados a ser terapeutas espirituales», dijo.

«La riqueza material, la sexualidad y la libertad son todas buenas y no deben ser despreciadas, pero profesamos nuestros votos porque sabemos que hay un bien superior a todas ellas: el Señor mismo y su Reino», dijo Selma. Asimismo habló de la relevancia de la vida religiosa en la sociedad altamente secularizada de hoy, y añadió que la vocación religiosa es un regalo en la medida en que no todo el mundo puede recibirla.

A diferencia de los mandamientos de Dios que son obligatorios, la profesión de los consejos evangélicos es voluntaria, explicó: «Por nuestros votos, intentamos en nuestras vidas irradiar la luz y la persona de Cristo, diciendo a las personas que nos ven que la vida del más allá, la vida escatológica, ya puede ser vivida en este mundo».

Además, animó a los jóvenes agustinos recoletos que habían hecho su profesión simple a no tener miedo, porque fue el Señor quien los llamó, a pesar de sus debilidades e imperfecciones. «Dios no nos llama porque seamos buenos, sino por su amor. Nos llama porque nos confía la misión de continuar sus obras de salvación», dijo. El religioso añadió que la vocación no está exenta de las crisis de la vida. Por eso, el Prior provincial les aconsejó que siempre volvieran a la historia de su vocación, al momento en que experimentaron un «encuentro particular, especial y personal con Jesús» que les impulsó a ofrecerse al Señor en la vida religiosa.

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