Madre y monja contemplativa: «Dios es mi salvación»

María Zhang es madre de cinco hijos. Tras convertirse a la fe católica y después de la muerte de su marido, viajó a España para ser agustina recoleta contemplativa.

El 1 de julio de 2007, Dios tocó el corazón de María Zhang y su familia. A partir de ahí, su vida cambió para siempre. Ese día comenzó un largo recorrido que le llevó desde China a un pueblo de España, en todo momento de la mano de Aquel que apareció en su vida sin esperarlo. Madre de cinco hijos, hoy vive en el convento de Agustinas Recoletas contemplativas de Vitigudino (España). Su historia y la de su familia dio un vuelco absoluto después de su bautismo hace 13 años, y está feliz por ello. Su hija, María Sun Shen, es misionera agustina recoleta. Sus otras tres hijas también comenzaron el proceso vocacional con las MAR, aunque definitivamente su camino fue hacia otro lugar. Su hijo, que estuvo en el seminario de los Agustinos Recoletos en Ciudad de México, se prepara para ser sacerdote diocesano.

Toda su familia se ha entregado, de una forma o de otra, a Dios. No obstante, el testimonio de María Zhang es especialmente sorprendente. En 2006 padecía una dura enfermedad: todo su cuerpo estaba repleto de llagas, no podía levantarse de la cama y apenas articulaba palabra. Su hermana fue la primera entonces que le habló de Dios. Le explicó qué es la fe, quién es Jesús y quién es María. Pasado un tiempo, inquieta por aquello que le habían contado, comenzó a mejorarse de su padecimiento. En una Iglesia de Shangqiu -una de las misiones de los Agustinos Recoletos en China- ella y sus hijas decidieron bautizarse y empezar a caminar con Cristo. Varios años después, tras la muerte de su marido, decidió que quería ser agustina recoleta contemplativa. Se dio cuenta de su vocación al tiempo que colaboraba en la atención de enfermos y moribundos en la misión de Shangqiu.

Hablar con María Zhang resulta complicado; sus conocimientos en otra lengua que no sea el chino son ínfimos. Solo es capaz de decir una frase contundente: «Dios es mi salvación». Lo fue en su enfermedad y tras la muerte de su marido, que se bautizó junto a su hijo meses después de que lo hiciera ella y sus hijas. María Sun Shen estuvo junto a ella en su profesión. La hija dijo su sí a Dios el 13 de mayo de 2018 en el convento de Vitigudino, donde su madre se preparaba para ser contemplativa. Dos años más tarde ha sido la madre quien ha querido que le acompañara en este momento tan importante. «Miro la vocación de mi madre y veo que poco a poco ha ido cumpliendo la voluntad de Dios», dice su hija. Ella misma viajó en 2015 a España para realizar el noviciado con las MAR. En ese tiempo consultó y buscó un convento de clausura para su madre, quien ya había sentido la llamada de Dios para la vida contemplativa.

Cinco años más tarde, María Zhang ha dado el primer paso. «Desde que entró en el convento deseaba este día», indica María Sun Shen. Solo pudieron acudir su hija y su hijo. Por motivos de seguridad por el COVID-19 y para evitar aglomeraciones, la eucaristía se celebró en privado. «Dios quiso que fuera así», dice la priora del convento situado en Salamanca. Ahora tendrá que esperar otros cinco años para la profesión perpetua, en la que jurará los votos de castidad, pobreza y obediencia por 1.000 años.

En apenas diez años la vida de esta madre china y su familia ha cambiado su rumbo: de no tener fe a consagrarse por completo a Cristo. Entre las risas y las palabras en chino, apenas se pueden escuchar algunos vocablos en español cuando habla María: Dios, convento, Evangelio, alegría.

Fotografías: agustinosrecoletos.org