Los colchones del señor Johanson: una historia de ayuda

Alfonso Johanson Pinillos realizaba, de forma discreta y sencilla, grandes donaciones para las personas necesitadas y era un gran bienhechor del trabajo de los Agustinos Recoletos.

Cada cierto tiempo, la gente de la sierra de Perú recibía colchones para sus casas. Era un regalo extraordinario; acostumbrados a dormir en camastros, colchones como aquellos mejoraba exponencialmente su calidad de vida. Se los entregaban los religiosos agustinos recoletos que trabajaban en Cajamarca. Los recibían desde Lima, a través de la vicaría sita en la capital peruana. Los regalos para la gente necesitada llegaban siempre desde el mismo destinatario.

Quienes conocía a Alfonso Johanson Pinillos recuerdan que era un hombre muy generoso, muy agradable y muy discreto. Hablaba poco y no pretendía que se conociera su labor. Mantenía buena relación con los religiosos de la Parroquia de la Caridad, a la que acudía con frecuencia y de la que fue un importante bienhechor. Al agustino recoleto Ángel Peña ayudó en la publicación de sus libros. «Eran muy amigos», recuerda Ana María de Vega.

Johanson -fallecido el 30 de octubre- había fundado la empresa Aljop, dedicada a la importación de productos industriales. Era el director gerente de la compañía, que le reportaba grandes beneficios. Gracias a esto, el protagonista de la historia aumentó sus ingresos, aunque no presumía de ello. Su dinero quiso compartirlo con los demás, especialmente con los pobres a través de los Agustinos Recoletos.

«Era calladito y se daba a los demás», cuenta Ana María. Rememora que al menos una vez al mes llegaba a la vicaría provincial con colchones y alimentos. Apoyó el trabajo de los Agustinos Recoletos en todo el país. «Siempre ha sido una persona atenta a las necesidades de los religiosos», afirma Víctor Villegas, vicario provincial en Perú. Tal fue era el agradecimiento de los religiosos que le propusieron para ser nombrado hermano provincial, reconocimiento que recibió entre octubre y diciembre del año 2000.

Siempre estaba dispuesto a ayudar. Intentaba buscar un hueco en su empresa para las personas de los ministerios agustinos recoletos que lo necesitaban. Su vinculación con la Orden era estrecha, aunque desde el respeto y la discreción. No quería que nadie supiera lo que hacía y personificaba la enseñanza de Jesús en el Evangelio: «Que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha». Alfonso Johanson Pinillos solo quería ayudar a los demás de forma anónima pero verdadera.