Una charla de noche a la Luz del Espíritu

Una charla de noche a la Luz del Espíritu

El autor reflexiona en este articulo sobre la vida comunitaria, cada noche cotidiana pero a su vez histórica.

Si yo te dijera que hoy es un día importante para los Agustinos Recoletos, ¿me lo creerías? Pues si. Hace más de 400 años un grupo de frailes se reunieron para charlar, para tener un recreo comunitario, como los que seguimos teniendo los frailes hoy en día, para charlar… pero esa noche no hablaron de futbol o las noticias, esa noche soñaron. Ese sueño el encendió una luz que llevo a que naciera nuestra Recolección Agustiniana en el seno de la Provincia Agustina de Castilla.

Fue una noche en el convento de San Felipe donde el Espíritu habló, donde muchos años de inconformidad y –sobre todo– el anhelo de una vida más recogida llevó a tres frailes rebeldes a soñar con una nueva forma de vivir el carisma de San Agustín. Los responsables fueron: Fray Jerónimo de Guevara, Gran orador y amante del recogimiento; Fray pedro de Rojas, anfitrión de la reunión y Fray Luis de León, escritor de la forma de vivir. El coloquio se mantuvo en una celda del convento de San Felipe; lo conocemos Gracias al Padre Quijano –entonces neoprofeso– que lo recogió las Memorias de la Provincia de Castilla.

Séame permitido decir lo que aconteció cuando estando una noche en la celda del padre fray Pedro de Rojas, entonces prior de san Felipe, y el padre maestro fray Luís de León, y nuestro padre fray Jerónimo de Guevara a la lumbre. Yo [fray Juan Quijano] era recién profeso, había dos días. El padre Jerónimo murió dentro de cuatro meses. Dios le tenga en el cielo.

Hacíame todos tres mucha merced, aunque era bien niño, pero por diferentes respetos […] hiciéronme sentar a los pies del uno para que me calentase. Empezaron a tratar de cómo y de qué manera habían de fundar el monasterio, cuán pobre, cuán apartado del bullicio, qué constituciones y modo había de tener en hábito y todo. Al fin, allí se decía como idea del primer monasterio, cierto bien trazado y observante, al fin, como de tan grandes ingenios como eran los tres.

Yo, aunque criatura, estábamelos mirando y oyendo con mucha atención, y acuérdome que leía yo y pasaba la vida de la santa madre Teresa de Jesús, que ella había escrito: lo que le acaeció también cuando era niña y hacía ermitas y quería ser ella y su hermano ermitaños. Levantóme con la mano el padre fray Luis de León la cabeza, como que le mirase, y díjome; “Fray Juan, ¿y vos queréis ir con nosotros a este monasterio?” Díjele: “Sí, por cierto, pero vuestra paternidad no ha de ira allá”. “Pues, ¿cómo lo veis?”, me dijo. “Porque no, no me parece que vuestra paternidad ha de ir, ni es para tan áspera vida. Déjela para el padre fray Jerónimo”[1].

Hoy hace 432 años el Espíritu sopló en buen sitio, a buena gente y este sueño –que no es que comenzará exactamente en ese momento– que vivimos hoy emprendió vuelo. La recolección comenzó como un sueño de tres frailes en una charla de noche.

Esta noche debería ser recordada en nuestros almanaques, tanto como el cinco de diciembre. Debería ser una noche para reunirnos en comunidad y compartir los sueños que tenemos como consagrados… tal vez el Espíritu pueda volver a soplar como hace tantos años y nos recuerde que hemos sido bendecidos como Familia Religiosa y que somos enviados a proclamar la Buena-Nueva de Jesucristo. Esta noche podemos recordar esa charla a la tenue luz de las velas del convento de San Felipe, para dar gracias al Buen-Dios por estos frailes rebeldes y también para que los miembros de esta familia: frailes, monjas, seglares, jóvenes, formandos nos sintamos herederos de este sueño. Ojalá seamos capaces de soñar con nuevos horizontes, con nuevas realidades, siempre recordando que ‘Nuestro blanco es el amar a Dios y que tenemos que amarle con perfección’.

Alfonso J. Dávila OAR

[1] J. Quijano, Memorias para la provincia de Castilla desde 1588 hasta 1636, Ed. Ignacio Aramburu, Valladolid, 1963, pp. 125-136. En: Martínez Cuesta, Historia de los Agustinos Recoletos, I:179-80.