Lámparas que iluminan un camino histórico y presente

En el marco del 400º aniversario de la Provincia San Nicolás de Tolentino, su prior provincial, Sergio Sánchez, agradeció una historia de esperanza en la Jornada de la Vida Consagrada. En un mensaje escrito a los religiosos, el superior invitó a vivir con pasión el llamado a la vida religiosa.

Dirijo este mensaje en la fiesta de la Presentación del Señor, Jornada de oración por la Vida Consagrada. En la celebración de los 400 años de la Provincia de San Nicolás de Tolentino presentamos en el templo, junto al Señor, lo que somos y lo que hemos vivido durante este tiempo en medio de los hombres y mujeres de nuestro mundo. Es una Jornada que nos impulsa a continuar nuestro camino, sabiendo que portamos las candelas de Cristo Resucitado; lámparas capaces de alumbrar cualquier oscuridad y cualquier incertidumbre.

Un día para presentar a los hermanos

Presentamos al Padre la vida de los religiosos. ¡Qué detalle has tenido para llamarlos a estar cerca de tu Hijo! Agradecemos su vocación porque conocemos su nombre y su historia, su empeño en construir una comunidad en la que se viva con alegría el seguimiento y su deseo de gastar la vida en la misión. Presentamos nuestra propia vida, reconociendo la misericordia y la fidelidad de Dios en los momentos de confusión y fragilidad; su luz ha iluminado nuestro caminar en la incertidumbre y nos permite vivir la alegría de la perseverancia.

Igualmente, es un día para experimentar su amor que se acerca suavemente, como bálsamo y caricia, como refugio y fortaleza; para acompañarnos en la enfermedad y en la fragilidad de nuestro cuerpo, en la soledad y en el momento de mirarle cara a cara mientras vivimos la Pascua de nuestros hermanos de comunidad.

Para vivir la pasión del llamado

Es una Jornada para vivir con pasión el llamado de Cristo; dejarnos fascinar, una vez más, por su belleza, contemplarle en la oración y reavivar los sentimientos de entrega al Señor. Queremos decirle que Él es el Señor de nuestra vida y le pedimos que nos ayude a buscarle, seguirle y estar con Él. Y porque Él es nuestra riqueza, acogemos sus palabras como proyecto de vida: “¡Felices vosotros, los pobres, porque el Reino de Dios os pertenece!” (Cf. Vivir la pobreza: gracia y reto).

Es un día para alegrarnos con la incorporación de los religiosos jóvenes, con la compañía de los hermanos de comunidad y con todos los laicos con quienes tenemos el propósito de “tener una sola alma y un solo corazón dirigidos hacia Dios”, vivan donde vivan y sean de la nacionalidad que sean. Es una Jornada para contagiarnos del ardor apostólico de los muchos laicos comprometidos en nuestros ministerios, con quienes formamos la comunidad viva y nos ayudan a ser religiosos entregados para el pueblo.

Y compartir nuestra esperanza en un mundo herido

La humanidad está envuelta y aquejada por la pandemia; el coronavirus ha entrado en nuestras comunidades y nos ha hecho experimentar la vulnerabilidad de nuestra vida. Con la pérdida de tantos seres queridos ha aumentado nuestra sensibilidad y responsabilidad de cuidarnos unos a otros. Junto a la pandemia, nuestro mundo sufre por otras heridas: la falta de encuentro interpersonal, la polarización en muchos de los ámbitos de la vida, la desigualdad, la soledad y la tristeza de tantas personas, la pérdida del sentido trascendente… La creación misma está herida por el abuso de sus recursos.

El Señor no está sordo ante el gemido de la humanidad. En esta Jornada de oración los religiosos somos invitados a encender nuestras candelas y levantarlas en alto, ¡Caminamos con nuestra esperanza puesta en la Luz que vence toda tiniebla! El Papa Francisco nos pide que seamos samaritanos en este mundo que sufre: Con nuestro testimonio de comunidad viva y abierta a lo que nos manda el Señor, a través del soplo de su Espíritu, podremos responder a las necesidades de cada persona con el mismo amor con el que Dios nos ha amado. Tantas personas están esperando que salgamos a su encuentro y las miremos con esa ternura que hemos experimentado y recibido de nuestro trato con Dios. Éste es el poder que llevamos, no el de nuestros propios ideales y proyectos; sino la fuerza de su misericordia que trasforma y da vida.

La vida fraterna en comunidad es una parábola del Reino para este mundo herido, siempre y cuando sea una comunidad viva y abierta al soplo del Espíritu. Con la vivencia de los consejos evangélicos queremos ponernos en la dinámica de construir un mundo más humano y fraterno -según la parábola del buen samaritano-: siempre y cuando la pobreza nos lleve a la comunión de bienes, a necesitar poco y nos dé libertad para no convertir la ambición en motor de la vida y origen de relaciones desiguales y excluyentes; cuando nuestra opción por la castidad se convierta en una forma de amar y nos encamine hacia una fecundidad diferente frente a un mundo de amores extraños, soledades indeseadas y vínculos volátiles; cuando nuestra entrega obediente nos lleve a una misión compartida y a poner los propios talentos al servicio del Reino en una sociedad marcada por la competitividad y la autosuficiencia.

El tesoro del Reino lo llevamos en vasijas de barro, la fuerza transformadora procede de la Luz; brille su luz ahí donde hemos sido plantados como el signo más elocuente de que Él es nuestra esperanza y caminamos puestos los ojos fijos en Él.

Feliz día de la vida consagrada.

Madrid, 2 de febrero de 2021.

Sergio Sánchez OAR
Prior Provincial Provincia San Nicolás de Tolentino