San José, un modelo actual

San José sigue siendo hoy un modelo de silencio, prudencia y fidelidad; su figura, en la sociedad actual, resulta un ejemplo de vida en la cultura del ruido. El agustino recoleto Wilmer Moyetones reflexiona sobre el esposo de María en este artículo.

Estamos viviendo un año dedicado a san José, un hombre de quien a los hombres y mujeres de hoy que nos separan muchos siglos. Es, sin embargo, modelo para la cultura actual del ruido, mediática; una cultura que no tiene discreción, que rápidamente publicamos lo que nos puede estar pasando en nuestra vida, que no somos capaz de estar en silencio, que el silencio, muchas veces nos aburre. Frente a esta cultura José tiene un mensaje para todos: es un modelo de silencio, prudente y fidelidad.

José, hombre de silencio

Vivimos inmersos en la cultura del ruido. El mundo está lleno de sonidos. Vivimos dentro de este ambiente,  permitimos que nos aturdan los ruidos y las voces de este mundo, y no somos capaces de vivir en silencio para escucharnos a nosotros mismo y percibir la voz de Dios que resuena en el interior del hombre. Con todo,  en esa cultura del ruido también llega la voz de Dios a través de su Palabra, si bien nosotros no estamos preparados para escuchar interiormente esa voz, ya que tienen más intensidad las otras voces o ruidos que nos absorben y no nos dan opción a dirigir el oído a la voz divina.

San José es un hombre que ha sabido estar a la escucha de la voz divina. En el sueño, en el silencio, ha percibido esa voz de Dios; en la serenidad de la noche ha mantenido comunicación con Dios, y ha escuchado ciertamente lo que le estaba pidiendo en ese preciso momento de la vida. Y José ha sabido responder a ese mandato de Dios. José obedece a Dios, porque la voz de Dios llega a sus oídos. La percibe con claridad. Obedece y lleva a cabo lo que le comunica el Ángel: toma a María como esposa. Además al escuchar y obedecer los planes de Dios, su voluntad secunda los proyectos eternos del Dios Uno y Trino.

José, hombre prudente

Como hemos dicho, nos hallamos inmersos en una sociedad que no tiene discreción: cualquier detalle de nuestro día a día inmediatamente lo aireamos, sin ningún pudor ni valoración; y todo el mundo puede saber qué acontece en cualquier lugar del mundo o qué ocurre en mi vida privada. Lo publicamos hacemos sin miramiento alguno. San José, con su vida, nos muestra hoy esa prudencia. Efectivamente, al enterarse de que María, su esposa, estaba embarazada, no se desesperó, no divulgó de inmediato lo ocurrido, no fue a contárselo a nadie. Su comportamiento fue guardarlo en su corazón, y ponerse a reflexionar sobre la situación.

Hoy a cualquier joven o a cualquier persona se le dice que su esposa espera un hijo y no es de él, inmediatamente lo publica en las redes sociales o se lo cuenta a sus amigos, buscando consuelo y soluciones inmediatas. José, en cambio, no se lo cuenta a nadie porque él quiere vivirlo desde Dios. Por eso, guarda silencio y espera. Y pronto recibe la respuesta de Dios a través del sueño. En los momentos actuales, la invitación que se nos formula es a fijarnos en José, también en esto; a esperar. Ciertamente, los planes de Dios no coinciden plenamente con los nuestros: vivimos en una situación difícil por la pandemia del coronavirus; la tentación nuestra es desesperarnos, reclamar a Dios porque nos llega esta nueva calamidad. Tengamos paciencia, esperemos a ver qué es lo que Dios nos pide en este momento ante esta situación y ante cualquier conflicto familiar. Esto también ocurre en el seno familiar: ante primer conflicto de pareja ya queremos solucionar las cosas publicándolas o contándolas a los demás. Seamos discretos y prudente como José.

José, hombre fiel

Por los datos que nos ofrecen los Evangelios, sabemos que José ha sido un hombre fiel a la palabra de Dios. Además ha cumplido lo que Dios le ha dicho a través del ángel, y ha sido fiel con María: ni la ha dejado sola ni la ha abandonado en ese momento difícil. José ha sido fiel al compromiso, ha aceptado las palabras que seguro le había dicho a María para que la aceptara como esposa. Ha mantenido el compromiso que había adquirido con María. En estos tiempos, no somos fieles a la palabra dada: decimos hoy una cosa, y ya mañana decimos todo lo contrario. Ocurre algo similar en los matrimonios: se promete hoy amor eterno, mas después de un tiempo  se produce algo muy diferente. José nos invita a ser fieles al compromiso que hemos adquirido con Dios y con el prójimo.

Wilmer Moyetones OAR