Comendadoras de Santiago: nueve siglos de presente

Aunque sus orígenes se remontan a hace nueve siglos, sigue viva su misión en la Iglesia: rezar y trabajar para la expansión de la fe en todo el mundo. En este reportaje multimedia repasamos el origen, la historia, el trabajo y el testimonio de las Comendadoras de Santiago, que desde marzo de 2021 están asociadas a la Orden de Agustinos Recoletos.

Año 1186 en el Reino de León, en la Península Ibérica. Los cristianos luchaban desde hace varios siglos en la Reconquista cristiana de su territorio. Bajo las órdenes de los reyes había un grupo de valerosos caballeros que desde hacía más de diez años había constituido una orden religiosa y militar: los Caballeros de Santiago. Mientras los guerreros luchaban en el frente de batalla, sus familias aguardaban desatendidas. Por eso, con el deseo de que rezaran por la victoria y expansión de la fe, a la vez que cuidaban de sus familias, los caballeros fundaron el primer convento de Comendadoras de Santiago, encomendado bajo el patrocinio de Santa Eufemia de Cozuelos.

Nueve siglos después, las herederas de este noble legado siguen viviendo intensamente su misión: la oración y el trabajo por la fe. ¿Quiénes son? ¿Cuál es su trabajo? La Orden, que cuenta con cinco conventos en todo el mundo -tres de ellos en España-, se dedica desde la clausura a la oración, la educación, la repostería o el bordado, entre otras cosas. Todo ello, sin dejar de lado su propósito y contemplando la Regla de San Agustín.

Actualmente las monjas Comendadoras de Santiago cuentan con cinco comunidades en todo el mundo, repartidos en tres países: tres en España, uno en Guinea y uno en India. Siguen vivos los conventos españoles que sobrevivieron a la desamortización de Mendizábal: el Real Monasterio Madre de Dios, en Granada (1501); el monasterio del Santiago Apóstol, en Toledo(1502); y el Real Convento de Santiago el Mayor, en Madrid (1584). Fuera de España, las Comendadoras de Santiago siguen expandiendo su carisma en Kannur (India) y en Akoribe (Guinea Ecuatorial).

Los conventos de Toledo y Granada son los más numerosos; ambos cuentan con 22 y 21 monjas, respectivamente. El de Madrid, situado en el centro de la capital de España, acoge a 13 comendadoras. 

El largo camino de las Comendadoras de Santiago comenzó en 1186. Desde ese momento hasta la actualidad, el trabajo de las Comendadoras de Santiago ha sido siempre fecundo. En los primeros meses, con el apoyo de los caballeros de la nobleza y de la familia real, la Orden se expandió por todo España, incluso por Portugal. Los Reyes Católicos, agradecidos por sus oraciones para conseguir el final de la Reconquista en Granada, apoyaron la fundación de un nuevo monasterio en Granada, el primero de una orden femenina en la ciudad recién conquistada. 

La desamortización de Mendizábal redujo los conventos pero no acabó con la historia de fe y servicio de las Comendadoras de Santiago a la Iglesia. 

Los Caballeros de Santiago encargaron a las primeras comendadoras el cuidado de sus hijos y sus familias. Hoy, las monjas siguen haciéndolo como buenas madres y hermanas. Las Comendadoras mantienen dos centros de atención infantil dentro de los mismos conventos donde ellas mismas atienden, cuidan y dan de comer a los pequeños. En Toledo cuidan de nueve niños pequeños. En Madrid, la Escuela Infantil Comendadoras de Santiago atiende, desde 1915, a más de 100 menores de entre uno y tres años. El objetivo de esta apostolado es, por un lado, facilitar el desarrollo integral de la personalidad de los niños, así como colaborar con los padres para que puedan compatibilizar su vida laboral con la familiar.

Esta labor educativa no se queda solo en España: las Comendadoras de Santiago tienen un colegio en Azhicode, Estado de Kerala (India). Lo que empezó siendo una pequeña guardería en la planta baja del convento tuvo que reconvertirse recientemente en un colegio ante las necesidades de las familias sin recursos del estado. El centro es la única oportunidad educativa que tienen los niños del lugar. Los escolares reciben formación en lengua autóctona e inglés, idioma que les facilita la promoción personal y laboral en su país.

Dentro del convento no hay aburrimiento. La oración es el principal oficio de las monjas, pero no el único. Los días pasan dando puntadas en hilo de oro. Una de las labores de las Comendadoras de Santiago es el bordado, especialmente con motivos religiosos. Desde casullas hasta tapices; desde túnicas para Cristos y Vírgenes hasta manteles. Las monjas llevan décadas realizando con esmero este noble arte, tanto en elementos religiosos como profanos. Es la herencia que le dejaron aquellas que vistieron anteriormente el hábito comendador.

En los últimos años, las Comendadoras del convento de Granada han trabajado arduamente en el bordado del palio de María Santísima de la Amargura, la imagen mariana que permaneció durante siglos en el monasterio y que procesiona cada Lunes Santo por las calles. dela ciudad. La talla barroca, a la que las monjas tienen especial cariño y devoción, cuenta con numerosas sayas y mantos realizados por ellas mismas. 

Decía Santa Teresa que Dios está en los fogones. Ahí lo buscan y lo encuentran cada día las Comendadoras de Santiago. Otras de sus tareas cotidianas es la elaboración de dulces, especialmente en Navidad y Semana Santa. En los conventos huele a canela y bizcocho. Cada día preparan bandejas de magdalenas, roscos, pestiños… que posteriormente venden a través del torno. Los beneficios son destinados para el sustento económico del convento y la labor asistencial a menores que realizan en India, Guinea y Madrid. Incluso en Granada, el obrador de dulces se complementa con las comidas que suelen ofrecer en su hospedería.

Aun hoy, nueve siglos después, las jóvenes siguen queriendo entregarse a Dios y ser comendadoras de Santiago. Este modo de vida les apasiona a vivir con la misma inquietud que San Agustín y a transmitir el Evangelio con el compromiso de Santiago. El carisma que surgió en el siglo XII sigue siendo actual.