Las «vidas normales» pueden cambiar incluso en el autobús

Randy Josué Campos tenía una vida que consideraba normal, pero su corazón estaba inquieto pues nada le satisfacía, hasta que por fin encontró la respuesta de sus dudas.

Randy José pensaba que viviría lo que para él era una «vida normal». Para él y para muchas personas, lo normal era aquello que estaba experimentando. Tenía novia y estudiaba la carrera universitaria que quería, en la universidad que quería. Sus sueños se hacían realidad: esperaba tener una familia y dedicarse a la profesión que siempre había deseado. «Sentía que era pleno con alguien a mi lado». Todo estaba bien, o eso parecía.

Randy Josué Campos nació en Alajuela, en Costa Rica, en 1995. Creció junto a la Parroquia Nuestra Señora del Carmen que los Agustinos Recoletos regentan en su ciudad. Sus padres eran creyentes y muy activos en la vida del templo, por lo que Randy conoce la fe y la iglesia desde sus primeros meses. «En la catequesis de comunión me sentí muy llamado a quedarme mucho tiempo en la Iglesia», recuerda. Y va camino de ello: desde el mes de agosto de 2020 forma parte del grupo de jóvenes que realiza el noviciado en Monteagudo (Navarra, España). La llamada puede venir en cualquier momento, cuando parece que todo está todo según creemos que debe ir.

Tras hacer la comunión, una vez se hizo más mayor, decidió ser catequista. A esta labor se dedicó ocho años, enseñando a los pequeñas la fe. De esta forma creció él mismo en la fe y en el conocimiento de la Iglesia, a través de los Agustinos Recoletos. Ayudaba en lo que podía en la pastoral juvenil y las eucaristías de la parroquia. «Me sentía muy feliz pero muy inquieto, pues parecía que mi sed no se apagaba del todo». Como San Agustín, Randy no conseguía llenar ese vacío con nada. Su corazón estaba inquieto y no encontraba respuestas mientras navegaba en el mar de las dudas.

Las dudas sobre el futuro se intensificaban. Randy pensaba que tenía claro el futuro, pero no era el futuro que Dios quería para él… «En mi interior algo se movía, me pedía más de mí pero no sabía qué mas dar». Hasta que un día se dio cuenta. Iba sentado en el autobús, camino de la Universidad. Como todas las mañanas, dedicaba ese trayecto a rezar y a pensar. Fue ahí, rodeado de personas que miraban sus móviles o escuchaban música en sus auriculares, donde encontró lo que buscaba: Dios pedía su propia vida.

El siguiente paso no era fácil, pero Randy se atrevió: dejó la universidad, su novia y sus proyectos de futuro. Guiado pos las hermanas Oblatas de la Providencia, decidió ingresar en la Casa de Formación San Ezequiel Moreno, en Pozos de Santa Ana (Costa Rica). Era 24 de enero de 2016. Había decidido entregar su vida a Cristo y seguirle como agustino recoleto, viviendo su fe en comunidad y buscando a Dios en la interioridad y la pobreza.

2019 fue un año de discernimiento. Repensó la decisión que había tomado después de haber realizado los años de postulantado y filosofía, a la vez que acompañaba a sus familia en algunas situaciones particulares. Finalmente el camino siguió su curso. En 2020 iba a realizar una breve experiencia en Ciudad de México, en el postulantado de El Hueso, cuando le sorprendió, como a todo el planeta, la pandemia de COVID-19. Solo fue un pequeño incoveniente que no le privó de comenzar en España una de las etapas más importantes de su camino vocacional: el noviciado.

El futuro es incierto. El joven costarricense agradece por todo lo que ha vivido, pero sobre todo da gracias a Dios «por lo que falta por hacer a través de mis formadores y hermanos de camino». Por el momento en Monteagudo se ha contagiado de COVID-19, aunque también «me he infectado de amor, esperanza y caridad en la comunidad». En el autobús comenzó una vida que, ahora, es normal para Randy.