Venerable Mariano Gazpio

El Papa Francisco reconoció el sábado 22 de mayo las virtudes heroicas del religioso agustino recoleto, misionero durante 28 años en China. 

La Orden de Agustinos Recoletos tiene un nuevo religioso camino de los altares. El papa Francisco reconoció el sábado 22 de mayo las virtudes heroicas de Mariano Gazpio Ezcurra, misionero agustino recoleto durante más de dos décadas en China. Desde este momento, el religioso nacido en Navarra (España) pasará a ser denominado «venerable».

El Santo Padre autorizó la publicación del decreto de las virtudes heroicas de Mariano Gazpio durante la audiencia concedida al Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, Cardenal Marcello Semeraro. Así ha informado la Oficina de Prensa del Vaticano en un comunicado. Siguiendo con la formalidad del proceso de canonización, serían necesarios dos milagros para que fuera reconocido beato primeramente y, por último, santo.

Mariano Gazpio falleció en 1989 con fama de santidad. Apenas nueve años después de su muerte, en 1998, se solicitó al Arzobispo de Pamplona la apertura del proceso de beatificación. El 17 de enero del año 2000, en el convento de los Agustinos Recoletos de Marcilla (Navarra), ante Mons. Fernando Sebastián Aguilar, Arzobispo de Pamplona-Tudela, con la presencia del agustino recoleto Romualdo Rodrigo, postulador de la Causa, tuvo lugar la apertura del proceso informativo sobre la vida, virtudes y fama de santidad del siervo de Dios padre Mariano Gazpio Ezcurra.

El 20 de marzo de 2004 el Arzobispo de Pamplona, Fernando Sebastián, clausuró la fase diocesana del proceso para la canonización del Siervo de Dios Mariano Gazpio Ezcurra, habiendo recogido 950 folios de información y entrevistado a 58 testigos de su vida. El acto tuvo lugar en la iglesia del convento de Marcilla. Todos los documentos se presentaron a la Congregación para las Causas de los Santos en Roma el 24 de marzo de 2004, entre ellos la Positio Super Virtutibus.

Mariano Gazpio, el tercero en la fila superior, junto con otros misioneros en China durante la visita del Prior general.

Santidad en la misión

Tercero de cuatro hermanos, Mariano Gazpio Ezcurra nació en la villa de Puente la Reina, Navarra (España), el 18 de diciembre de 1899. Ese mismo día sus padres, Dionisio y Severina, se apresuraron a llevarlo a la iglesia parroquial para que le fuera administrado el sacramento del bautismo. Apenas cumplidos los dos años, exactamente el día 6 de enero de 1902, le fue administrado el sacramento de la confirmación por el arzobispo de Pamplona, José López de Mendoza. Hizo el noviciado y profesó en Monteagudo, Navarra (España), el 23 de diciembre de 1915. Estudió tres años de teología en Marcilla y uno en Manila, donde fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1922 por Mons. O’Doherty, arzobispo de aquella archidiócesis.

Destinado a Filipinas en 1921, después de tres años en Manila y Cavite, pasó en abril de 1924 a la misión de Kweiteh, Honan, China Continental. Se dedicó íntegramente a la misión en  Chenliku, Yucheng, Chutsi y la capital Kweiteh. A lo largo de 28 años ejerció cargos de responsabilidad: superior de misiones, superior religioso, vicario delegado y vicario general de la diócesis. En las misiones de China se distinguió por su celo apostólico, por su profunda piedad y por el amor a los pobres. Algunos fieles chinos lo recuerdan todavía con veneración y se glorían de haber sido bautizados por el padre Mariano.

A pesar de la persecución religiosa que se desató en los años 50, el ahora venerable permaneció misión aun con grave peligro de su vida, pero, como todos los misioneros de China, fue expulsado a principios de 1952. En el Capítulo Provincial celebrado en Monteagudo (España) ese mismo año de 1952 fue nombrado maestro de novicios y viceprior de Monteagudo, donde estuvo hasta 1964. Desde ese año hasta su muerte residió en Marcilla.

Fama de santidad

Los religiosos que estuvieron junto a él le recuerdan, sobre todo, por su pasión por la misión. Era un hombre de comunidad y caridad fraterna, orante y contemplativo, sobrio y moderado, humilde y prudente. Según indica el agustino recoleto José Javier Lizarraga, quien más ha ahondado en su figura, en 1994 monseñor Nicolás Shi, obispo agustino recoleto en China, afirmó que «cuando el padre Mariano Gazpio pasaba por la calle en Kweiteh, los vecinos, aun los paganos, decían ‘ahí va un santo vivo'».  Recoge su biógrafo en el libro ‘Un camino de fidelidad’ que, cuando se anunció la apertura del proceso de canonización en el año 2000, «a nadie extrañó la noticia y, por el contrario, muchos se alegraron de ella y se ofrecieron gustosos a declarar, tanto religiosos como seglares».