¡Despertad para la vida!

¡Despertad para la vida!

El autor reflexiona sobre el regalo de la vida y la oportunidad para abrazar los problemas de las personas.

Todos nosotros alguna vez en la vida nos detenemos delante de nuestra quietud y nos preguntamos: ¿A qué viene todo esto y por qué me pasa precisamente a mí? Son interrogantes que nos llevan a pensar ¿Qué es la vida, la muerte, el dolor, la enfermedad? De hecho, son las preguntas que hoy mueven el mundo y de alguna manera nos quita la paz, porque no hay una respuesta rápida y clara. Pero sí hay una respuesta interior, pensada, meditada, reflexionada: que todo en esta pequeña y corta trayectoria de nuestra existencia es pasajero y con ella pasaremos todos, como un soplo ante el tiempo.

Miremos alrededor y fijémonos en lo que el mundo sufre delante de tantas injusticias, desigualdades y enfermedades, que nuestra propia esencia humana está causando para sí misma. Ya es hora de alzar la vista y ver más allá del límite de nuestro campo de acción. Es hora de la misión social de cada bautizado. El terreno es mucho y los obreros son muy pocos; es momento de solidarizar con el hermano, de sentirse con él, acompañarlo en la construcción de una nueva historia, pues el camino es largo y el tiempo corto.

“La pandemia demostró qué frágiles somos”. ¡Es verdad! Pero la pandemia hizo resurgir los grandes valores humanos: la importancia de la vida, las manos unidas, corazón solidario y el amor fraterno, que son las más bellas pruebas de que nuestras fragilidades, sumadas al AMOR, son respuestas humanas de quienes, con un mundo más justo para vivir.

Dejemos de mirar al pasado con pena y lagrimas en los ojos. No bajemos los brazos de cara al futuro aguardando cosas mejores. Abracemos con fuerza, fe y esperanza nuestro regalo de hoy, el aquí y ahora, lo que llamamos presente. Empecemos ya a construir la paz soñada.

Aprendamos a dar gracias a Dios por el don de la vida, por la familia, por los amigos y conocidos, por los momentos buenos y no tan buenos en esta vida, que estarán guardados para la eternidad. Que el pasado sea una enseñanza. Que el futuro sea la expectativa de días mejores. Que el presente sea el mayor regalo que Dios nos concede. Quizás no tendremos respuestas en esta vida, pero en el futuro la gracia y amor nos bastaran.

Rodrigo Guiomar