Retratos que cobran vida en el hogar

El Convento de Marcilla (Navarra, España) expone 18 pinturas del pintor del siglo XIX José María Romero, conservadas todas en conventos de Agustinos Recoletos.

Se desconoce absolutamente la relación que pudo existir, a finales del siglo XIX, entre los Agustinos Recoletos y el pintor José María Romero. No hay pistas sobre el enlace que tuvieron los religiosos del momento y el reconocido pintor, natural de Sevilla. Lo único seguro es que dejó su huella en tres conventos de los Agustinos Recoletos -Marcilla, Monteagudo y San Millán de la Cogolla-, donde se conservan más de una veintena de obras pictóricas de gran valor artístico. 

Ahora, la exposición Romero. De Casa, a Hogar recogerá 18 de estas pinturas de José María Romero y cuya autoría había pasado desapercibida por la mayoría. La muestra reúne en el Convento de Marcilla (Navarra, España) óleos firmados por el autor y de gran calidad artística, como corresponden a uno de los mejores retratistas del siglo XIX español. Todos ellos fueron ejecutados entre 1891 y 1894, en los últimos tres años de vida del artista.

Dieciocho pinturas en tres partes

Casi todos los cuadros, a excepción de dos, son retratos, técnica que dominaba. La exposición se divide en tres bloques. El primero, situado en la Escalera real que da acceso al convento, lo conforman ocho representaciones de santos agustinos: Santa Rita de Casia, Santa Mónica, San Gelasio, San Nicolás de Tolentino, Santo Tomás de Villanueva, San Juan de Sahagún, Santa Clara de Montefalco y la beata Inés de Benigánim. 

La segunda parte de Romero. De Casa, a Hogar recoge retratos de obispos agustinos recoletos. Tres de ellos, prelados en Filipinas: Juan Ruiz, Joaquín Encabo y Leandro Arrué. Otros dos fueron obispos en América: Eugenio Sesé y Toribio Minguella. Éste último también ejerció el episcopado en España.

Por último, un tercer bloque lo forman los retratos de tres de los agustinos recoletos más influyentes en la en la Orden a lo largo del siglo XIX: Gabino Sánchez, quien fuera superior general sus últimos 30 años; Juan Gascón, formador de varias generaciones de jóvenes recoletos; y Manuel Mª Martínez, delegado en Roma para los asuntos de la Orden ante la Santa Sede. A estos se suman tres pinturas más: dos de ellas son copia de originales de Murillo (la adoración de los Magos y la transfixión de San Agustín), a la que se une una espléndida composición con las santas Justa y Rufina, patronas de Sevilla. La mayoría de las obras estaban hasta el momento en Marcilla. Solo se han añadido dos más, provenientes del convento de los Agustinos Recoletos en Monteagudo.

De casa a hogar

El título de la exposición encuentra su sentido en la importancia que, en su momento, tuvieron las pinturas de José María Romero para los Agustinos Recoletos. En 1865, los religiosos recoletos se instalaron en el Convento de Marcilla, que hasta 1835 había sido un convento cisterciense. Durante varios lustros, el convento fue acomodado como casa para la tarea formativa de los Agustinos Recoletos, sin identidad ninguna.

Las pinturas del artista sevillano sobre los santos agustinos son las que confieren el sentido agustiniano al convento, transformando lo que era simple casa en un cálido hogar. Las obras que se exponen son la primera seña de identidad de los Agustinos Recoletos en este lugar.

Romero. De Casa, a Hogar será inaugurada el próximo sábado 25 de junio a las 17 hs. El acto tendrá lugar en el Convento de Marcilla y tendrá como elemento principal la conferencia del profesor Ricardo Fernández Gracia, director de la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro de la Universidad de Navarra.

Un reconocido pintor

José María Romero nace en Sevilla en 1816 y fallece en Madrid en 1894. Entre Sevilla y Madrid, se desenvuelve su vida artística, con algunos períodos de actividad en otras ciudades andaluzas, como Cádiz y Málaga. Fue artista muy reconocido y premiado, especializado sobre todo en retratos. Cuadros suyos se exhiben en los principales museos españoles, entre ellos el Museo del Prado.