El discernimiento en la vida religiosa

El discernimiento en la vida religiosa

El 31 de agosto de este año el Papa inició un nuevo ciclo de catequesis en las Audiencias Generales que lleva con los fieles cada miércoles en la plaza de San Pedro. Hasta el momento ya lleva dos catequesis que nos vienen muy bien a la vida consagrada.

El Papa comienza diciendo que “el discernimiento es una acto importante que concierne a todos, porque las elecciones son una parte esencial de la vida”. Ciertamente cómo no hemos de recordar los religiosos la elección que hicimos el día de nuestra Profesión simple o temporal, luego el de la Profesión solemne o perpetua y por último del día de nuestra Ordenación junto con el Cantamisa. Son hechos que nos han marcado y que cada año no podemos menos de recordar en el aniversario. Cada uno toma sus decisiones, no hay nadie que las tome por nosotros. Por eso estampamos nuestra firma en el papel o documento que se firma en el altar.

Es muy importante saber discernir: para decidir bien, hay que saber discernir tanto si te casas como si decides quedarte soltero u optas por la vida religiosa y sacerdotal. Además tomar una decisión correcta siempre te lleva a la alegría; aunque en el camino tengas que sufrir un poco de incertidumbre, de dudas, pero al final la decisión correcta te reporta mucha alegría interior.

Para discernir bien hemos de dar varios pasos: uno es conocer bien, otro el de experimentar lo que queremos vivir y luego entregarnos con el afecto y la voluntad. Dios nos ha creado libres y quiere que ejerzamos nuestra libertad. Por lo tanto, el discernir es arduo pero trae sus buenos resultados.

Hemos hablado de las decisiones trascendentales de la vida, sin embargo aún quedan otras dos clases de discernimiento más: Unas son las que acontecen en el quehacer diario cuando nos toca elegir entre unas actividades u otras, vg. Una camisa más cara o menos cara, un viaje o quedarnos en casa. Son estas pequeñas elecciones de cada jornada las que configuran nuestra vida.

Hay una segunda clase de elecciones en las que tenemos que aplicar el discernimiento. Los religiosos, más que los sacerdotes diocesanos, nos vemos confrontados a menudo, o sea, cada cierto número de años por aceptar un nuevo destino que conlleva una misión y actividad distinta. Los capítulos generales y particularmente los provinciales son los que determinan estos cambios. Dios nos habla a través de los superiores y cada uno de nosotros hemos de discernir qué decisión tomar. Siempre nos han dicho: “el que obedece no se equivoca”.  Pero nunca dejamos de ser racionales y de preguntarnos por el motivo de dicho mandato. Y en ocasiones cuesta mucho aceptarlo.

Un signo de más amor, de más madurez en el amor es pedir al Espíritu que nos guíe para aceptar la nueva misión que se nos confía. Sin ponemos de nuestra parte lo que somos y tenemos todo irá bien. Dios nos sostiene en el camino y quiere ser amado desde la libertad y no imponiendo su voluntad.

En la segunda catequesis el Papa ha propuesto el ejemplo de San Francisco de Loyola. Pareciera que fuera casualidad el que estando convaleciente de la herida sufrida en la pierna en la batalla no se encontraran libros de caballería, novelas, en su casa, y en cambio sí había libros de santos. Cuando leía novelas su corazón estaba seco y vacío y, en cambio, leyendo vidas de santos experimentaba una profunda paz y alegría. No fue una casualidad sino que Dios trabaja a través de cosas que nosotros no habíamos previsto y también de los contratiempos, como puede ser un grave accidente.

Ver qué sucede cuando vivimos cosas que no esperábamos, un cambio de destino, y ahí aprendemos a conocer nuestro corazón, cómo se mueve. El Papa habla de escuchar nuestro propio corazón. Nuestro Padre San Agustín dice volver al corazón. Y cuando se decidió a volver al corazón experimentó la verdadera alegría: “No quieras derramarte fuera; entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior reside la verdad; y si hallares que tu naturaleza es mudable, trasciéndete a ti mismo, mas no olvides que, al remontarte sobre las cimas de tu ser, te elevas sobre tu alma, dotada de razón. Encamina, pues, tus pasos allí donde la luz de la razón se enciende… (VR 39,72).

El discernimiento es la ayuda para reconocer las señales con las cuales el Señor se hace encontrar en las situaciones imprevistas, incluso desagradables, un cambio inesperado de destino. Preguntémonos cada uno: ¿cómo me muevo frente a esto? No podemos servir a dos señores: a Dios y al propio egoísmo. Que el Señor nos ayude a ver cuándo es Él quien actúa y cuando no es Él y es otra cosa.

Ángel Herrán OAR