Se ha de creer que la naturaleza de la mente intelectual está creada de modo que, por un orden natural dispuesto por el Creador, se halla unida a las cosas intelectuales y las ve como en cierta luz espiritual de su género, como el ojo corporal ve lo que se le muestra en esta luz sensible, de la que es capaz y a la que está conformado el ojo.

De Trinitate XII, 15, 24.