Luego se desarrolla el hombre y llega a la edad de la razón para sentir la fuerza de la ley natural, que todos llevan estampada en el corazón: No hagas a otro lo que no quieras te hagan a ti. Esto, ¿se aprende en los libros o no se lee, más bien, en la misma naturaleza? ¿No quieres que te roben lo tuyo? Ciertamente, no. He aquí la ley escrita en el corazón: Lo que no quieres te hagan a ti, no lo hagas a otros. Y muchos hombres traspasan esta ley.

In Ioannis Evangelium Tractatus XLIX, 12.